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1/16/2008 ¿A dónde fueron?Por iniciativa del CUENTACUENTOS
62. – ¿A dónde fueron?
“- Pasaron varios días hasta que alguien cayó en la cuenta de que los sueños habían desaparecido. Fue entonces cuando todo comenzó a revolucionarse. Sin sueños nada funciona como debería. La gente va por la calle sin mirarse. Tropezando unos con otros y sin darse una disculpa – Nienna puso un video en el que se mostraba el comportamiento que acababa de explicar.
-Sin sueños no tienen una razón clara por la que levantarse, algo por lo que luchar, por lo que seguir adelante. Y sin esos motivos, un malestar comenzó a crecer en ellos, poco a poco, transformando a las personas en seres desagradables, fríos e irascibles – Elanor hizo aparecer en el proyector la foto de un hombre antes de la perdida de sueños y otra de después, para hacer más visible el cambio.
-El mal humor comenzó a generalizarse. Al principio sólo era en las grandes ciudades y urbes. Luego, poco a poco se fue desplazando hacia el extrarradio, aunque allí pareció que se calmaba y dejaba de expandirse, pero no fue así – ahora Nienna desplegó un mapa y les mostró a los demás la superficie afectada hasta el momento.
-Aquella situación se contagiaba cada vez más rápido y se hizo más fuerte por momentos. Cuando todo esto empezó sólo los adultos mostraban los síntomas de esta extraña situación. Pero ahora, la franja de edad va en disminución. Cada vez niños más pequeños dan muestra de malestar, de desilusión, y eso no se puede permitir – Elanor pasó a la siguiente foto y quedó a la vista de todos la foto de un niño sonriente.
-Los adultos han perdido los sueños, pero los niños no pueden dejar de tenerlos, no pueden perder los suyos. Los niños son el futuro y si los niños pierden la ilusión todo acabará, todo desaparecerá. Incluso nosotros... – añadió Nienna bajando los ojos.
-Muy bien Nienna, ¿y qué pretendes? – preguntó la reina Uruviël.
-Mi señora, todavía no tengo un plan decidido, pero la idea está en no dejar que los niños más pequeños pierdan sus sueños.
-¿Y cómo sabes que los niños aún sueñan? – preguntó inquisitiva la reina.
-Pues verá majestad. Elanor ha fabricado un cazador de sueños. Cada vez que detecta un sueño se ilumina de color blanco y si detecta una pesadilla se ilumina de color rojo y la absorbe.
-Eso está muy bien, pero no responde a mi pregunta.
-Pues tengo que decir, muy a mi pesar, que estas últimas noches hemos estado haciendo incursiones entre ellos – respondió Elanor. - Y hemos detectado un alto índice de pesadillas entre los adultos, pero en la gran mayoría de los niños sólo encontramos sueños blancos. Aunque también tengo que decir, que la franja de edad ha vuelto a bajar... Ahora sólo los niños menores de 7 años tienen sueños.
-Así que si no actuamos pronto...
-Desapareceremos majestad.
Se hizo un silencio sepulcral en la sala. Todo el mundo las miraba allí en el centro de la estancia, ante el trono de la reina, con un extraño aparato entre manos, que parecía una red tejida por una araña. Nadie se atrevía a decir nada. Todos observaban en pasmoso silencio a la reina y a las dos jóvenes que le habían pedido audiencia urgente.
Elanor era quizá uno de los cerebros más privilegiados con los que contaban, y confiaban en ella más que en sí mismos, así que si ella estaba convencida de que aquel artilugio funcionaba, tenía que funcionar... Y la admiraban por haber tenido el valor de desobedecer las leyes.
Y a su lado Nienna. Nadie concebía como había tenido el valor de hablar con la reina y aún por encima decirle que había salido sin su permiso. Era por todos sabido que la reina tenía gran estima a su familia, pero siempre había creído que era una joven inconformista a la que no le gustaba acatar las reglas.
-Nienna, esta vez has incumplido la norma más importante de todas. Salir sin permiso, y sabes que eso merece un castigo ejemplar – dijo Uruviël. – Pero es cierto que lo has hecho por el bien de todos nosotros, y eso merece mi respeto y admiración.
Todo el mundo miraba a la reina, casi sin respirar, no querían perderse ni una sola de sus palabras, porque sabían que estaba a punto de decir algo importante para todos ellos.
-Tú, Elanor, Nindë, Tathar, Elwë y mi hijo, Turgon, seréis los encargados de esta misión. Debéis devolver los sueños a los niños, y evitar el avance de esa sombra negra que se cierne sobre nosotros...
-Mi señora. ¿Cree conveniente que su hijo nos acompañe? Es el futuro rey y podría salir lastimado de esta contienda – dijo Tathar, jefe de la guardia real.
-Mi leal Tathar... Si este plan no funciona, todos desapareceremos. Así que no habría motivos para proteger al príncipe. Y si salís victoriosos de esto, eso espero, Turgon habrá ayudado a ello, y un rey debe poner su vida, por la de los suyos. Partiréis mañana, así que podéis ir a descansar, será lo mejor.
Se retiró todo el mundo y la gran sala de recepción quedó casi vacía. En el centro Elanor y Nienna observaban en silencio como el cazador de sueños permanecía oscuro, sin brillo, sintiendo que el tiempo se estaba agotando.
-¿Por qué no les has dicho que nosotros también hemos perdido los sueños? – preguntó Elanor.
-Porque si no tenemos el sueño, la ilusión, la esperanza de que todo va a salir bien, esta ya es una misión perdida... – respondió mirando tristemente a los ojos de su compañera.”
¿CONTINUARÁ?
Pues esta semana casi no escribo, pero anoche me vino la inspiración entre sueños... Brian niño, que este relato es para tí... Y que sepas que tú eres Elwë... jijijii...
Espero que os haya gustado!! Besos a todos!! 1/8/2008 Conversaciones...Por iniciativa del CUENTACUENTOS
61. – Conversaciones…
“-Los muertos no necesitan aspirina...
-¡Vaya por dios! Y eso lo has descubierto tú solita ¿o has necesitado ayuda?
-¡No seas tonto! ¿Acaso no ves que estoy tratando de escribir un relato?
-¿Empezando por esa frase?
-Pues si, con esta frase. Es difícil y será un gran reto a batir, pero conseguiré escribir algo.
-¿Y no puedes empezar con otra cosa? Es que esta no incita a mucho, la verdad.
-Y por eso mismo no quiero comenzar de otro modo... Acaso ¿qué mérito tiene escribir algo comenzando como yo quiero? Para hacer eso, no estaría aquí ahora mismo. El reto consiste en ser constante y venir semana tras semana en busca de una frase.
-¿En busca de una frase?
-¡Claro! A ver, déjame que te lo explique... Todas las semanas vengo aquí en busca de la frase nueva, y tengo que escribir algo con ella.
-¡Ah!
-No asientas como si me entendieses. Que no soy tonta y me doy cuenta de que sólo lo haces para callarme... O para que no note lo ignorante que eres.
-Perdona bonita, pero yo simplemente soy todo lo ignorante que tú quieres...
-¿Qué? No te entiendo...
-Ssssshhhhh...Viene alguien por las escaleras... Debe de ser tu madre.
En ese momento se abrió la puerta despacio, haciendo chirriar las bisagras de aquella vieja puerta de pino. Alejandra miró a su madre y le dedicó una dulce sonrisa que fue correspondida.
-¿Qué haces?
-Escribir un cuento. Hoy está siendo más difícil que otras veces...
-Bueno, no te agobies, ya saldrá algo. Confía en ti. ¿Te traigo algo de merendar?
-Sí, gracias. Me apetece un bocadillo enorme de jamón.
-Muy bien – dijo su madre entre risas. – Y el señor Osito ¿quiere algo?
-¿El señor Osito? ¿De qué hablas mamá?
-Upsss, perdona hija. De nada, de nada...
Alejandra vio como su madre desaparecía detrás de la puerta de su habitación, otra vez con el atronador sonido de las bisagras. Y se quedó callada un par de minutos, mirando hacia ningún lugar, y entonces pareció volver en si.
-¿Qué habrá querido decir?
-Pues lo que ha dicho. Que si yo quería algo.
-¡Pero te ha llamado señor Osito!
-Es que soy un oso de peluche...
-¿Qué?
-¿Acaso no ves mi mullida barriguita de felpa?
-Pero...
-Y por lo que veo, tampoco recuerdas el día que tu madre me trajo, ¿verdad?
-Yo... Es que...
-Tranquila, no pasa nada.
-Llegué cuando cumpliste seis años. Yo y unos libros fuimos tus regalos estrella. Recuerdo muy bien que me cogiste en tus brazos, y que te fuiste a un sofá conmigo y con un libro, y nos pusimos a leer juntos. Por aquel entonces yo sólo era un osito de peluche, pero en aquel momento tú me diste vida...
-¿Qué? No puede ser...
-Pues sí... Cuando a los niños pequeños os regalan libros, me dais vida. Y ese primer contacto hará que en un futuro me encontréis.
-¿Qué te encontremos?
-Sí, porque establecemos un vínculo irrompible. Aunque por la seguridad de todos, me vea obligado a borrar mi recuerdo de vuestras mentes al cumplir los 10 años.
-¡Eso será mañana! ¿Por qué tengo que olvidarte?
-Porque es necesario para nuestra supervivencia. No pueden encontrarnos o nos quitarían el poder de la imaginación.
-¿Pero cómo voy a encontrarte?
-Habrá más como tú, que me buscarán y sin saber muy bien como, llegaréis hasta mí. No te preocupes por eso...
-Y dime, ¿cuál es tu nombre?
-Ya lo sabes... Todos me habéis puesto el mismo nombre a lo largo de los años. Busca dentro de ti y lo encontrarás...
Entonces desperté en mi cama, entre sudores y encendí la luz. Dios, menudo sueño había tenido. Me senté en la cama, encogí las piernas y puse mis brazos alrededor de ellas. Apoyé la barbilla en las rodillas. A los pies de la cama vi aquel pequeño osito, que me miraba expectante con sus ojitos de plástico, y dejé escapar un suspiro.
-Señor de las Historias...
Me tumbé de nuevo, me tapé hasta la cabeza y apagué la luz al mismo tiempo que en la cara de mi viejo peluche, se esbozaba una sonrisa...”
La frase es de los Duendes y a ellos se lo dedico... Aunque también me gustaría dedicárselo especialmente a ese osito de peluche que todos hemos tenido de pequeños. Ese que nos ha ha acompañado en mil momentos de nuestras vidas y al que tuvimos que olvidar para llegar hasta aquí...
Y también se lo dedico al Señor de las Historias, ese ser que nos ha unido a todos, y que alguna vez fue el espítiru de nuestro peluche más querido...
Gracias... 1/3/2008 Aquí estoy...Por iniciativa del CUENTACUENTOS
60. – Aquí estoy...
“Esta iba a ser una navidad diferente. Y tanto que iba a ser diferente, ni yo sabía cuanto... Estar con la familia y la gente que quieres, y ahora aquí estoy, tratando de escribir la historia de esta semana, pero nada, que no hay forma... Que la inspiración ha decidido que en el comienzo de año pasa mucho de venir a verme.
Y bueno... Me encuentro tratando de escribir algo decente, pero no sale nada de nada. Y me pregunto ¿por qué la inspiración sólo aparece en los momentos que crees que ya no puedes más? Y algo mejor ¿qué es la inspiración?
Supongo que para cada persona será una cosa, persona, momento diferente. Para mí la inspiración siempre llega sin avisar y en el momento más inesperado, por eso siempre llevo conmigo una libreta y un bolígrafo. Porque las ideas vienen sin avisar, como un flash y hay que pillarlas al vuelo, o no se sabe cuando volverá.
Y eso me ha pasado esta semana. No sabía que escribir, ya veis que publico en jueves, y de repente una vocecilla me dice ‘¡a escribir!’ y yo que le contesto que no sé sobre que escribir, y la misma vocecilla me responde ‘pues escribe sobre eso’.
Y aquí estoy, escribiendo sobre que no sé que escribir, y bueno, para salir del paso no está mal. Además me planteó una duda. ¿Y los demás donde encontráis vuestra inspiración?
Hay quien la encuentra como yo, a través de una vocecita, o puede que ver un lugar inspire una historia de terror, amor o desesperación. También pueden inspirar un relato, un animal, una persona o hasta una pieza de comida. ¡Sí, una comida! O algo de comer. ¿No me creéis? ¿Y entonces ‘lo mejor que le puede pasar a un croissant’ que es?
Hay mil sitios en los que las historias y cuentos se esconden. Detrás de un árbol, debajo de una seta, en la casita de los pitufos o en alguna cueva de los Fraggle... Pero lo que de verdad nos tiene que importar es escribir, porque es lo que nos gusta. Y teniendo eso, la inspiración sabremos como encontrarla...
Ya veis, esta semana yo he escrito sin escribir... jejejeje
Pues ya veis... Esta semana escribo tarde y aún por encima, escribo que no escribo... jejejje... Dedicado a Juan, por ser su frase, y pido perdón por no haber sabido hallar mi inspiraciónesta vez...
Besos para todos aquellos que los quieran recoger... 12/24/2007 Declaración de intenciones...Por iniciativa del CUENTACUENTOS
59. – Declaración de intenciones...
“No me gustan nada las cosas nuevas... Y mucho menos si lo que traen consigo son cambios para peor. Señores Zapatero y Rajoy, me llamo Alejandra, tengo 24 años y me gustaría contarles un par de cosillas, que espero tengan en cuenta... Y son las siguientes.
Si yo fuese presidenta del estado español tendría que cambiar un par de cosas que ustedes no están haciendo bien. Yo quiero que España sea un lugar en el que se pueda vivir bien y con tranquilidad, cosa que el ‘bigotitos’ (antes conocido como Aznar) se pasaba por el forro de los co…… Pues bien, que habría que dar un cambio a toda la política y a un par de situaciones.
En primer lugar emitiría una ley de expulsión sobre los ex-novios celosos, raritos, cansinos y pesados. Extensible a las ex-novias de la misma condición. Se les enviará a una isla en cerca de Santa Helena, en el Océano Atlántico, a 2.800 kilómetros de la costa de Angola.
Está claro que los políticos corruptos y mentirosos no tendrían cabida en el nuevo régimen de España, así que también serían exiliados junto a las ex-parejas a la isla de Santa Helena, como parte de castigo.
A todo aquel que tenga ganas de peleas, broncas o guerras se le pagará un billete de avión (sólo de ida) a Estados Unidos y que le maree la cabeza al señor Bush, a nosotros que nos deje en paz y que se la rasque contra un pino, o en su defecto contra un cactus.
La página El Cuentacuentos se convertirá en una institución del estado, subvencionada por el mismo, y en los colegios e institutos se impartirán clases de narración y redacción de todo tipo de género.
También se impartirían clases de educación sexual desde el momento adecuado, y se repartirían preservativos de colores y consoladores a todo aquel que quiera, porque todo el mundo debería tener uno.
Posiblemente el sexo sería instaurado como deporte nacional, y deberían practicarse al menos una vez al día todas aquellas personas en pareja, dejando ya en sus manos más prácticas diarias. La gente estaría más saludable, más feliz, sería menos conflictiva y todos gozarían de perfecta salud (además de otras cosas...)
Los gays y lesbianas tendrán derecho a matrimonio, pensiones por viudedad y adopciones legales. Tendrán los mismos derechos que cualquier otra pareja, porque son personas exactamente iguales a nosotros.
No habría religión obligatoria, y la gran mayoría de los curas serían enviados también a la isla de Santa Helena, y quizá puestos a trabajar como mano de obra de las ONG’s en los países subafricanos.
Se prohíben los sentimientos de culpa, y las personas no tendrían que estar en pareja con alguien con quien no quieren estar. Habrá toda la libertad para separaciones y nuevos arrejuntamientos.
Como bien sabrán, todos los puestos serían ocupados por personas de mi entera confianza, para ayudarme en la medida de lo posible a que todo esto sea posible y ahora paso a contarles en quienes había pensado para esos puestos.
*Como Vicepresidenta Livtrase, que tiene una visión de la vida muy particular y siempre me propone muy buenas ideas.
*El Ministerio de Trabajo y Asusntos Sociales estaría ocupado por María. Nadie mejor que ella para llevar a cabo las labores sociales de nuestro estado.
*El Ministerio de Cultura y Deporte estaría al cargo de Aarón. Es un chico muy despierto, sociable y culto, y le gustan mucho los deportes. Tanto que queda con sus amigos para tomar algo y se lleva el ‘Marca’.
*El Ministerio de Defensa se lo encargo a Hell. Un chico deportista, sano y que en artes defensivas tiene muchos conocimientos.
*El Ministerio de Asuntos Exteriores estará de la mano de Ricardo. Nuestra fuente más fiable al otro lado del charco, y de buen seguro sabrá desarrollar a la perfección su cargo.
*El Ministerio de Administración Pública lo llevaría Tormenta, que ya sabe de estas cosas y siempre es bueno tener en el cargo a alguien que ya se sepa manejar a la perfección.
*El Ministerio de Ciencia y Tecnología se lo encargo a nuestro pincha más loco, el burbujiano Mundoyas, que si consigue entender una mesa de mezclas, puede con todo.
*El ministerio de Economía, ese lo pongo en manos de Jara, porque con la mala leche que se gasta... ¿Quién se va a atrever a hacer fraude fiscal?
*El Ministerio del Interior, creo que la persona perfecta para este puesto es Beleita, porque siempre está metida un poquito en todo, siempre en el meollo de las cuestiones.
*El Ministerio de Fomento correrá a cargo de Pistachita. Que para eso está estudiando en Londres y terminando la carrera en inglés.
*El Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación estará bajo la supervisión de Larisavel. Nadie mejor que una veterinaria para hacerse cargo de estos temas.
*El Ministerio de Medio Ambiente estará bajo el mando de Wannea. He creído oportuno poner este ministerio bajo la tutela de una bióloga, para ver si podemos frenar el cambio climático que ustedes han ido provocando.
*El Ministerio de Justicia será la obligación de Ninivé. Ya conoce estos temas, y en sus manos nuestros litigios se verán arreglados en muy poco tiempo.
*El Ministerio de Sanidad y Consumo lo llevará Mj. Una doctora joven y avispada y en la que tenemos puesta toda nuestra confianza. Sabrá ejercer muy bien su puesto.
*El Ministerio de Hacienda... Bueno, Hacienda somos todos, así que ya saben, nada de ir haciendo el gamba y gastando por gastar, que hay que ver un poquito lo de la inflación y todo eso...
Pues bueno, ahora ya saben cuales son mis intenciones, y tras todo lo relatado creo que sólo les queda una opción. Sea cual sea el que gane de ustedes dos, debería cederme el puesto de Presidenta de España a mí. Vamos, si ustedes también saben que todo iría mejor en mis manos.
Un saludo, atentamente, Alejandra Lorenzo."
Dedicado a Fantasmín por ser su frase, y esto ha intentado ser un guiño de humor para todo lo que nos espera a principios de este año 2008 que entrará dentro de un par de días.
Felices Fiestas a todos y no os portéis demasiado mal... Pensad en lo que haría yo ;p 12/17/2007 Huída...Por iniciativa del CUENTACUENTOS
58. – Huída...
“Se despertó con todo el cuerpo dolorido. Sentía un frío penetrante que la calaba hasta los huesos. Era incapaz de abrir los ojos y mucho menos de moverse. La verdad es que desde que habían empezado aquel viaje no recordaba un despertar así. Entonces un escalofrío recorrió toda su espina dorsal al darse cuenta de que no podía mover los brazos. Los tenía inmovilizados a su espalda, por las muñecas.
‘Tranquila Ana, tranquila’, pensó, ‘trata de recordar lo máximo que puedas. Algo tiene que haber’. Y puso su mente en pleno funcionamiento, aunque todavía sentía el letargo recorriendo la mayor parte de su cuerpo.
Recordaba perfectamente que hacía un par de semanas se había trasladado a Bélgica por trabajo, para cubrir la noticia sobre un asesino en serie que llevaba más de un mes aterrorizando todo el país, y del que aún no habían descubierto prácticamente nada. Actuaba en el silencio de la noche belga, y sus víctimas eran muy variopintas. Tanto animales como ancianos, jóvenes o niños. No hacía distinciones y cada tres o cuatro días, aparecía un nuevo cadáver por alguna zona de la ciudad.
Recordaba también haber participado en aquella tertulia televisiva que habían retransmitido por una tele local en la que colaboraban periodistas de distintas nacionalidades. Todos los que se encargaban de aquellos sucesos pero, ¿cuánto había pasado desde aquello? Ahora no era capaz de visionar en su cabeza una línea de tiempo secuencial de la que poder fiarse. Se sentía muy confusa todavía. Y sin darse cuenta, al cerrar los ojos para aclarar sus ideas, volvió a quedarse dormida.
Despertó sobresaltada. Ya no había frío, ya no, pero la ausencia de él hizo que su cuerpo temblase aún más. Alguien la había transportado desde aquel húmedo lugar hasta otro mucho más cálido y mullido. Movió las manos. Nada, continuaban inmóviles, quizá había sido una tontería hacerse ilusiones, pero ahora mismo es lo único que le quedaba. La esperanza.
Continuó moviendo las manos. Sentía la aspereza de la soga contra la suave piel de sus muñecas. Le dolía, pero todo daba igual. Tenía que salir de allí como fuese. Tenía que escapar. Sentía quemazón, y las lágrimas ya se estaban escurriendo por sus mejillas, siendo las silenciosas representantes del dolor y el miedo que estaba pasando.
Sintió un ruido y con el susto pegó un respingo, pero luego se quedó quieta, inmóvil en la semioscuridad que la rodeaba. Casi ni respiraba para poder escuchar cualquier sonido que pudiese delatar lo que estaba ocurriendo. Necesitaba hacerse una imagen mental de todo, antes de tomar una decisión y crear un plan a seguir, pero ¿acaso podía pensar con claridad en aquel momento? No lo sabía, pero pronto lo averiguaría.
Otro ruido más cerca hizo que casi pegase un grito, pero se contuvo, no quería delatarse y que supiese que estaba despierta. ¿Quién la tendría retenida? Esperaba que no fuese el asesino sobre el que estaba informando. Sabía lo que le hacía a sus víctimas y no quería acabar como ellas. Por su cabeza pasó el caso de aquel empresario ruso que se dedicaba a matar a todos aquellos que rechazaban hacer negocios con él. Al final había secuestrado a un periodista que escribía sobre el caso para que negase todo lo que había escrito hasta el momento y que le apuntaba directamente a él. Esperaba que ese no fuese el caso. No quería estar en manos de aquel psicópata sobre el que escribía.
Todo volvió a quedar en silencio y Ana retomó la respiración calmada, pero con un apremiante dolor en su pecho. Se acarició el pelo y se lo apartó de la cara y entonces se dio cuenta de que tenía las manos libres. Tenía que haber sido por el susto de antes, cuando tembló por completo y con el miedo, no se había dado cuenta.
Se quedó un rato más en silencio, por si volvía quien quiera que fuese la persona que había estado allí, cerca de ella. Durante minutos que le parecieron horas se mantuvo en la misma posición, sin mover un músculo. Estaba en tensión, tanto que hasta comenzaba a dolerle. Su cuerpo comenzaba a jugarle malas pasadas y no podía permitírselo, así que trataba de pensar en algo que la ayudase a olvidar el lugar en el que estaba para concentrarse mejor.
Pensó en sus últimas vacaciones. Había estado en el área metropolitana de Manhatan con sus amigas. Habían visitado todos los lugares interesantes y también habían pasado tardes y tardes enteras de compras. Sí, en eso tenía que pensar. En el siguiente lugar al que se iría, porque iba a salir de allí con vida. ¡Como fuese!
Se obligó a levantarse. Al principio casi ni podía mantenerse en pie. Seguramente por culpa de las drogas que posiblemente le habrían administrado para poder llevársela a aquel lugar. Estaba desorientada, aunque de todas formas no sabría hacia donde ir. Se acercó a la pared y comenzó a palpar todo lo que encontraba a su alrededor hasta que encontró el pomo de una puerta.
La abrió con cuidado, escuchando con atención, tanta que podría escuchar hasta el más mínimo sonido. Salió de la estancia en la que se encontraba y comenzó a caminar por aquel lugar que también estaba en penumbras. Escuchaba su respiración y en sus oídos martilleaba el sonido de su corazón, bum bum, bum bum...
De repente un golpe a su espalda la hizo gritar. Había sido muy cerca, así que echó a correr entre las sombras, sin saber hacia donde se dirigía. Todo daba igual, sólo le importaba correr y alejarse de donde estaba, y en su huída no se preocupaba de no chocar contra nada. Hacía mucho ruido y sería fácil dar con ella, pero no podía evitarlo.
Chocó contra una especie de mesa que había en medio de aquel lugar. Al pasar la mano sobre ella sus dedos toparon con un objeto conocido, un destornillador. No supo por que, pero tuvo la inminente necesidad de cogerlo, así que lo aferró con sus manos y continuó con su escapada.
Sabía que iban detrás de ella, lo sabía, y por eso no podía dejar de correr. Tenía que salvar su vida y si quería hacerlo no podía dejarse vencer por el temor o el cansancio, pero casi ya la había vencido, tanto que sin darse cuenta tropezó con un tiesto que había allí y se calló al suelo.
Cuando iba a levantarse notó que algo la cogía por el pie. La temperatura de su cuerpo descendió de repente. Sentía un frío ascendente desde el lugar que la tenían agarrada hasta el resto de su cuerpo. Se había quedado paralizada. Quería continuar su huída, pero el miedo era muy grande y la rodeaba por completo.
‘Venga Ana joder’, pensó para sí misma. ‘Tu instinto de supervivencia es mayor, haz algo’, y entonces sin saber de donde había salido toda aquella fuerza comenzó a patalear y pudo sentir como su pie libre se topaba con algo blando y entonces notó que la opresión en su pierna se hizo más débil, y aprovechó ese momento para volver a levantarse y continuar con su huída.
Corría sin saber hacia donde se dirigían sus pasos. Tenía la sensación de estar girando todo el rato. Como si estuviese haciendo el mismo estúpido recorrido una y otra vez, pero entonces, al doblar una esquina pudo ver una luz al fondo. Sintió un rallo de esperanza en su pecho. Aquella debía ser la salida, lo había conseguido. Y mientras estaba absorta en estos pensamientos alguien la derribó haciendo que se diese un fuerte golpe en la cabeza.
Tardó un par de segundos en recuperarse de la caída, pero no podía moverse. Alguien estaba sobre ella y le impedía casi toda su movilidad. Estaba aterrada y segura de que gritaba, porque le dolían ya los pulmones, pero no se escuchaba. En sus oídos sólo retumbaba el sonido de los latidos de su corazón, bum bum, bum bum...
Sus ojos se acostumbraron a la pequeña claridad de aquella última estancia que la separaba de la libertad y pudo distinguir no muy claramente el rostro de su atacante. Era un hombre, no podría precisar su edad, pero por la fuerza que tenía y la complexión de su cuerpo debería estar entre los 25 y los 40 años. No era nada preciso, pero la luz era muy escasa y no la dejaba ver con precisión.
El pánico volvió a apoderarse de ella. Consiguió soltarse la mano y con una destreza y aplomo que jamás pensó que tendría, le clavó el destornillador en un ojo haciendo regresar así todos los sonidos. Pudo escucharse gritar, así como pudo oír los gritos de dolor de su atacante, que ya no tenía fuerza para mantenerla inmóvil.
Se escurrió como pudo y echó a correr hacia la luz. No quería mirar atrás. No le importaba quien era o por que lo hacía. Lo único que le importaba era salir de allí cuanto antes, nada más importaba en aquel momento, así que cuando llegó al final de aquel largo pasillo abrió la puerta y dejó que la luz la bañase por completo.
La claridad del sol la había cegado temporalmente a causa de todo el tiempo que llevaba moviéndose entre las sombras. Escuchaba el cantar de los pájaros a su alrededor, y podía escuchar y notar las hojas crujiendo bajo sus pies. Sabía que estaba en el bosque, olía a verde, olía a esperanza. Seguía corriendo porque aún no se sentía a salvo, pero su corazón ya se había calmado.
Escuchó un ruido a lo lejos, y no paró para averiguar de qué se trataba. Un dolor en el pecho la hizo perder el ritmo de la carrera. Estaba claro que tanto correr la tenía totalmente extenuada, pero no podía parar si quería salvar su vida. Podía oír el murmullo de las aguas bajando el río y sabía que tendría que seguir el cauce hasta llegar al pueblo, aunque aquel dolor amenazaba con no dejarla dar un paso más.
Se llevó la mano al estómago, para tratar de aliviar el dolor mediante la presión y al quitar la mano pudo ver sus dedos manchados de sangre. El miedo se vio reflejado en todo su cuerpo y dirigió su vista hasta su abdomen. Levantó la camiseta y pudo ver un pequeño agujero del que no paraba de salir sangre a borbotones.
‘Está claro, este es mi fin’ pensó, pero no dejó de correr, aunque cada vez sus pasos eran más cortos y lentos. Se paró en seco al llegar al borde de un pequeño acantilado que dejaba paso al río. Estaba agotada, casi no tenía ya fuerzas. Se giró para ver a su perseguidor.
Lo vio a lo lejos, entre un par de árboles, acercándose poco a poco, en silencio, pero consiguiendo que cada paso sonase atronador en los oídos de Ana. Se acercó lo bastante para que su ya cansada vista le pudiese ver mejor.
-Tú...
Esas fueron las últimas palabras que Ana pronunció antes de caer de espaldas por aquel acantilado y que su cuerpo terminase en el río. Encontraron su cadáver días después. Nadie achacó su muerte a aquel brutal asesino que tenía en vilo a toda Bélgica, simplemente dijeron que había salido a pasear por el bosque y que quizá un mal paso la había echo terminar en el río y que la corriente se había ensañado con su joven cuerpo, estrellándolo contra las rocas durante días.
Nadie supo nunca la verdadera historia de Ana. Nadie supo de la agonía que pasó los últimos minutos de su vida. Sólo él sabía la verdad. Sólo él sabía como habían ocurrido las cosas. Sólo él...”
Pues esta es mi pequeña contribución esta semana. Espero que os guste y que disfrutéis leyéndola tanto como yo escribiéndola. Mis palabras no eran muy difíciles, las cogí de un diccionario enciclopédico y son estas: Bélgica, tertulia, empresario, metropolitano y destornillador. Espero haberlas introducido bien en este relato.
Espero vuestros aplausos o vuestros abucheos. Besitos a todos y os quiero!! 12/11/2007 La más hermosa...Por iniciativa del CUENTACUENTOS
57. – La más hermosa...
“Cuando se quiso dar cuenta, era otra vez otoño. Ya había pasado un año entero y casi ni se había dado cuenta, pronto volvería a ser su cumpleaños. Entre el trabajo, las fiestas, más trabajo, los hombres con los que salía, ni se había percatado del paso del tiempo.
A Sonia nadie le echaba más de 25, aunque en realidad tenía unos cuantos más. La gente se asombraba con lo joven y bella que se conservaba y sabían bien que cuidaba muchísimo su aspecto. Era coqueta sí, y hasta cierto punto muy soberbia. Sus amigas lo sabían y la aceptaban tal y como era, aunque la verdad es que a veces hasta a ellas mismas les costaba entenderla.
En su trabajo siempre era la primera. Siempre estaba en todo y cuando se proponía algo lo culminaba sin problemas, en poco tiempo y con unos resultados increíbles para la empresa. Esto la había llevado a convertirse en la mano derecha del jefe de la compañía, aunque esto mismo se había convertido en otro obstáculo para hacer amigos en la empresa.
Había entrado a trabajar allí porque un tío con el que se acostaba le consiguió una entrevista, y en poco más de dos años había ascendido desde lo más bajo hasta ponerse por encima de todos sus compañeros y mostrando a veces una superioridad que llegaba a exasperarles.
A ella no le importaba. Quería llegar a lo más alto y tener poder, mucho poder. Siempre le pasaba en todos los trabajos que tenía. Necesitaba ser la mejor y si no conseguía esa motivación, o cuando ya estaba en la cima, dejaba el trabajo de un día para otro, casi sin avisar y dejando casi que la empresa se viniese a bajo sin ella.
Y en su vida personal no era mucho más constante. La relación más larga que había tenido había durado 9 años, y finalmente le había abandonado en el altar el mismo día de su boda. Sin explicaciones, sólo una carta en la que decía que jamás amaría a alguien como le amó a él, pero que no podía hacerlo, no podía quedarse con él, que no estaba dispuesta a perder su belleza, y que no podrían volver a verse.
Y aquello era cierto. No amaría a ningún otro como le amó a él. Y todas sus relaciones eran cortas, insulsas, sin vida, prácticamente sin sentimientos por parte de ella. Sólo una simple cuestión de sexo, sólo por el mero echo de sentir el calor de otro cuerpo en la cama.
Otro año más de su vida. No podía creérselo. Ya había conseguido todo lo que quería en aquella empresa y el hombre con el que estaba tampoco le aportaba mucho más que cualquier otro. Estaba claro que tenía que salir de allí. Se sentía encerrada y tenía que escapar una vez más, aunque esta vez sería antes de tiempo, pero antes de irse tenía algo que resolver con urgencia.
Quedó con sus amigas y decidieron salir de discotecas. Le apetecía olvidarse del trabajo, del hombre con el que estaba, de su cumpleaños, de que había pasado un año más. Quería olvidarlo todo, o casi todo, porque todavía le quedaban cosas por hacer.
Tenía que romper con su actual novio. Buscar un nuevo trabajo, otro piso en el que vivir, muy posiblemente en una ciudad nueva. Otra vez cambios, otra vez a ser la nueva, nuevos compañeros, nuevos amigos...
La llamaron a su espalda y se acercó a la barra, junto a sus amigas. Allí le dieron una copa, a la que estaba invitada. Preguntó a la camarera quien la había invitado y esta le señaló a un hombre que se encontraba al final de la barra. Levantó la copa en su dirección, le sonrió al tiempo que le guiñaba un ojo y se acercaba la copa a los labios para dar un pequeño trago.
Aquel hombre tenía una bonita sonrisa y parecía inofensivo, así que decidió acercarse para darle las gracias personalmente, y sin casi darse cuenta ya había pasado más de tres horas hablando con él. Era un hombre agradable. Le estuvo viendo durante un par de minutos, sin decirle nada y decidió invitarle a su piso, para tomarse la última copa.
No le extrañó que aquel hombre no se negase. Ella sabía que era hermosa, se afanaba mucho en ello, y también sabía todo el poder de seducción que poseía. Fueron en el coche de Sonia y durante el camino, de vez en cuando, fue rozando su mano contra la rodilla de él, sabiendo que así se pondría más nervioso, y así fue.
Subieron a su piso y entonces dejó fluir todas sus armas de seducción. Antes de lo que había pensado ya lo tenía en sus manos, y se fueron desnudando poco a poco. Pegaba su cuerpo al de él, le besaba y se dejaba besar y poco a poco se fueron acercando al cuarto de baño entre risas.
Ella se metió en la bañera, puso el tapón y abrió el grifo de agua caliente. Él quiso meterse con ella, pero Sonia juguetona no le dejaba. Le decía que tenía que obedecerla, que tenía que ser un buen chico, y aquel hombre no se planteaba llevarle la contraria a la mujer más hermosa que había visto. Casi ni se creía que estuviese allí con ella, y sabía que sus amigos no se lo creerían nunca, pero él sabría que era verdad y es lo único que realmente importaba.
Cuando la bañera ya estaba por más de la mitad Sonia le dijo que se acercase lentamente. Ella se puso de rodillas en la bañera y él hizo lo mismo por fuera. Comenzaron a besarse una vez más. Le pidió que cerrase los ojos y él lo hizo gustosamente, hasta que notó sobre sus labios la suavidad, dureza y calor de los pechos de ella. Los besó con una mezcla de pasión y suavidad. Abrió los ojos y volvieron a besarse.
Una vez más ella le pidió que cerrase los ojos, y lo hizo gustoso pensando en el siguiente pedazo de paraíso que ella iba a ofrecerle, y abrió los ojos como platos cuando sintió el frío del acero rasgando su garganta. Casi no tuvo tiempo ni de darse cuenta de lo que estaba ocurriendo. Rápidamente se quedó sin fuerzas. Sus músculos se habían quedado bloqueados, ya no le respondían. Se estaba mareando al mismo tiempo que asumía que iba a morir.
En sus ojos sólo veía el agua de la bañera, que se teñía de rojo con su propia sangre y podía distinguir un poco entre sombras a Sonia, que se frotaba el cuerpo con aquella mezcla de agua caliente y sangre. Miraba fríamente a aquel hombre que se estaba muriendo delante de ella, y no se inmutaba, no sentía remordimientos. Ya no...
Recordaba la primera vez que lo había echo. Hacía más de cien años que había matado al primer hombre, tras su contrato con el mismísimo demonio, con el que había pactado que siempre se conservaría joven y hermosa con la condición de que una vez cada cinco años le entregase un alma. Lo había aceptado con gusto sólo por poder mantenerse joven y bella.
Tenía que bañarse en la sangre del sacrificado, pero ¿y qué? Era un pequeño pago a cambio de todo lo que le ofrecían. Sacrificar a un hombre que la desease y bañarse en su sangre. Un precio muy bajo por lo que conseguía a cambio, o al menos ella lo veía así, y no se paraba a pensar en lo que les parecería a los demás...”
Dedicado a Dulce_Locura, por prestarme esta primera frase, de la que ha salido un relato un tanto extraño, pero del que estoy orgullosa.
Y también dedicado en especial a Hell, que me pedía un relato pseudo-psycho-killer... Niño!! Tú crees que este ha valido? jajajaj...
Besitos a todos!! 12/3/2007 La vida...Por iniciativa del CUENTACUENTOS
56. – La vida...
“Las turbulencias presagiaban lo peor. El avión se estremecía con cada golpe de viento y con cada sacudida su mente le proyectaba nuevos finales para aquella situación.
‘Voy a morir’ pensó Antonio, ‘bueno, que más da… De todas formas ya dejé mi vida atrás desde que sus ojos se cruzaron con los míos…’ Y entonces pensó en Silvia.
Si cerraba los ojos casi podía sentirla a su lado. Notar el calor de su suave piel, el aroma de su cuerpo, el tono de su suave voz cada vez que susurraba su nombre en sueños...
Estaba claro que la amaba más que a nada, pero había cosas en la vida que tenían que seguir su curso y lo estaban haciendo... Aquel avión cada vez se dejaba llevar más por los embistes de aquella horrible tormenta, y a él le daba igual, porque su vida ya estaba junto a la de ella. ¿Qué más le daba morir entonces?
Se sentó bien en el asiento y cerró los ojos. Pensó en ella, en sus ojos, en sus labios, en sus manos, en sus pechos y entonces llegó la calma, la tranquilidad. Siempre pasaba lo mismo... Cuando estaba en algún momento en el que los nervios se apoderaban de él, pensaba en ella y la calma volvía. Esta vez incluso se había detenido la tormenta y el avión retomaba su curso normal.
Por los altavoces sonó la voz del capitán que les avisaba de que por culpa de la tormenta se habían desviado un poco y que tenían un ligero retraso, pero que llegarían a tiempo para que los pasajeros que tenían transbordos cogiesen sus vuelos.
‘¡Mierda! Un retraso... No tengo tiempo para retrasos hoy...’ Pero no había nada que hacer, así que volvió a sentarse en su asiento, a cerrar los ojos y a evocar la imagen de su amada para así pasar el tiempo.
Por fin el avión hizo toma de tierra y en cuanto pudo salió disparado del avión como alma que lleva el diablo. No tenía equipaje, había sido un viaje improvisado, así que no perdió el tiempo en ir a aquella zona y salió del aeropuerto en busca de un taxi.
Se montó en uno casi sin aliento y cuando el taxista la preguntó que a donde se dio cuenta de que no lo sabía. ‘¿Por qué nadie se lo había dicho? ¿Acaso tenían miedo de que hiciese lo que estaba haciendo? Pues ya veían que lo estaba haciendo igual, aunque mucho más difícilmente sin ayuda...’
Recordó los momentos pasados con ella. Sus paseos en la noche, y entonces el recuerdo vino solo... ‘ la plaza de San Ignacio’.
-¡A la plaza de San Ignacio! ¡Rápido!
Y el taxi salió a toda velocidad hacia el lugar que Antonio le había indicado. Se preguntaba si todos sus amigos estarían ya allí. Seguro que sí, seguro que todos estaban en aquel lugar, y seguía sin entender que nadie le hubiese dicho nada...
Podía entender que los demás callasen, pero ¿y ella? ¿Silvia por qué había callado? ¿Quizá porque a ella le dolía tanto como a él todo aquello? ¿Quizá porque no veía otra salida? No lo sabía, y tampoco estaba seguro de poder hallar la respuesta cuando llegase allí.
El taxi frenó y lo sacó bruscamente de sus pensamientos. Le pagó y le dejó más de 10 euros de propina, cosa que el taxista agradeció y le preguntó si quería que lo esperase.
-No gracias... – miró hacia el frente. – O mejor sí, espéreme...
Subió las escaleras corriendo, de tres en tres y llegó hasta la puerta. Tomó aire, tenía que coger fuerzas para lo que vendría ahora. Inspiró una vez más y con las manos temblorosas abrió la puerta lentamente, queriendo hacer el menor ruido posible.
Como imaginaba allí estaban todos sus amigos. El sonido del órgano lo envolvió por completo y entonces la vio. Hermosa, radiante con su vestido de novia. Ahora la notaba más lejos que nunca.
Le escuchó decir a él ‘Sí quiero’ y como el cura comenzaba a hacerle la misma pregunta a ella. Desde la distancia pudo ver como una lágrima se escapaba por su mejilla y entonces ella levantó la vista, miró hacia atrás y le vio allí, parado delante de la puerta. Con lo primero que había encontrado la noche anterior, cuando se había enterado de que ella se casaba.
Sus miradas se cruzaron y volvió a ver la luz en los ojos de ella. Aquella luz que sólo brillaba cuando estaban juntos. Más lágrimas comenzaron a escurrirse por sus mejillas y cerró los ojos. Antonio dio un paso hacia delante, no se creía lo que estaba a punto de hacer y entonces la escuchó a ella. ‘Sí quiero’. Y más lágrimas caían por su rostro.
Antonio no sabía que decir ni que hacer. La había perdido para siempre, por no haberse decidido a tiempo, por no demostrarle lo que realmente sentía por ella, por no dejar las cosas claras...
Se dio la vuelta y bajó las escaleras poco a poco. Se metió en el taxi y le pidió que le llevase otra vez al aeropuerto, no había nada que hacer. Había llegado tarde y todo por culpa de sus miedos e indecisiones. Había perdido a la única mujer a la que había amado de verdad, la única que podía hacerle sonreír en un día triste...
Supo de ella a través de sus amigos. Supo que al poco de casarse ella se quedó embarazada y que había tenido un niño. Y que después había tenido una niña. Supo que con sus hijos se la miraba radiante, con una sonrisa en los labios, aquella sonrisa que tanto había amado...
Silvia tenía todo lo que una mujer podía soñar... Tenía un marido que la quería, una casa, un buen trabajo que no le ocupaba mucho tiempo y unos hijos maravillosos que llenaban su vida de mucha alegría. Y que incluso llenaban aquel vacío que sentía.
Porque tenía todo lo que una mujer podía soñar, pero no tenía lo único que necesitaba, el amor de Antonio…”
Esta semana el relato está dedicado a Ninivé... Porque se lo merece y por esa primera frase que ha sido la fuente de inspiración de este relato...
Siento haber escrito esta historia de pseudo-amor con tu frase, pero es lo que ha venido a mi cabeza loca... jejejeje... Espero que os guste a todos!! Besitos!!! 11/26/2007 Infancia robada...Por iniciativa del CUENTACUENTOS
55. – Infancia robada...
“-El niño debe de ser protegido contra toda forma de abandono, crueldad y explotación. No podemos permitir que un niño sufra abusos de ninguna índole, y estamos obligados a preservar su inocencia y su infancia ante todas las cosas y en contra de quien sea... – hizo un gesto con la mano.
-¡Acusado póngase en pie! – dijo el alguacil.
-Señor Olivenza, tras escuchar todos los testimonios, incluido el suyo, este tribunal le declara culpable de un delito leve de lesiones contra su esposa, y culpable de abuso a menores contra su hijo de 7 años. – dio un golpe en la mesa con el mazo. – Se levanta la sesión. Pueden llevárselo.
Octavio Olivenza comenzó a resistirse y a gritar que él no había sido, que era inocente. Todos decían lo mismo, pero las pruebas le señalaban a él. Vio a su hijo y a su esposa allí, en primera fila.
Cuando los ojos de su padre se clavaron en los suyos, Benjamín comenzó a temblar. No podía evitarlo, y sin darse cuenta, unas lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos. Su madre que lo vio lo abrazó contra su pecho, y Benjamín al levantar la cabeza pudo ver su cara hinchada y aquel ojo tan negro como la noche.
Se volvió a estremecer, esta vez más visiblemente. Estaba asustado y ya no le daba miedo a admitirlo. Era un niño. Sólo tenía 7 años y estaba en todo su derecho de sentir miedo, eso le habían dicho los psicólogos, pero estaba asustado, muy asustado.
No le pidieron que subiera al estrado a testificar. Dijeron que las pruebas que tenían eran suficientes y eso hizo que se sintiese aliviado, pero según se habían ido desarrollando los acontecimientos su cuerpo se había ido tensando poco a poco...
Su madre contando la paliza que su padre le propinó una noche que llegó del trabajo. Él fue testigo de esa brutal paliza, pero no tenía que declarar, tenían pruebas suficientes habían dicho...
Su madre contó entre lágrimas y con todo detalle todos los golpes que recibió por parte de su marido, y como Benjamín lo miraba todo, llorando acostado en el sofá del salón. Lo recordaba todo como si hubiese sido ayer, y ya habían pasado casi 11 meses.
También recordaba el testimonio de su padre. No negaba que le hubiese dado la paliza a su mujer, era evidente que alguien la había maltratado, pero alegaba enajenación mental transitoria, aunque no le creyeron.
Pero al contrario, negaba categóricamente que él hubiese maltratado y abusado de Benjamín. ¿Por qué? ¿Por qué no decía la verdad? Benjamín se había venido abajo el día que declaró su padre. Se había puesto a llorar en la sala, y su madre se lo tuvo que llevar fuera cuando el niño había comenzado a gritar cosas presa de un ataque de nervios.
Y ahora allí estaban. Había finalizado el juicio y le habían declarado culpable. Ya estaba todo hecho. Y recordaba las palabras del abogado... ‘Cuando tengamos una sentencia podrás volver a respirar tranquilo. No volverán a hacerte daño.’
Levantó la vista para ver a su madre una vez más. Ella le estaba acariciando el pelo, y al verle le sonrió y le dio un suave beso en la frente. Soltó a Benjamín para coger su abrigo y en ese momento el niño se alejó corriendo de ella. Saltó la barandilla y se abrazó con fuerza a su padre.
-¿Por qué papá? ¿Por qué no les dijiste que fue ella? ¿Por qué no les contaste que le pegaste al ver lo que me hacía? – gritaba Benjamín entre lágrimas mirando a su padre a los ojos. – Y ahora dejas que vuelva con ella a casa. Sabes lo que va a hacerme. Una vez me protegiste, dijiste que no volvería a pasar y ahora te vas. ¿Por qué no me proteges papá?
Todas las miradas se centraron en Margarita. Se había quedado rígida y pálida como el mármol. No decía nada y no se movía. Estaba impertérrita ante la sala y aguantaba las miradas que ahora habían tornado de lástima a desprecio, desaprobación y asco.
Benjamín se giró hacia el abogado. Todos pudieron ver el dolor reflejado en la cara del pequeño, y fueron conscientes del daño que había sufrido y también del que le podían haber causado...
-Me dijiste que no hacía falta que declarase, que estaba a salvo, que no volverían a hacerme daño. Y me quitas a la única persona que me ha protegido... La única persona que podía evitar que ella volviese a tocarme...
-¡Cállate la boca maldito niño! ¡Que los dos sabemos muy bien que me provocabas!
-¡Ya basta! – gritó el juez. – No estoy dispuesto a escuchar ninguna barbaridad más. Señor Octavio Olivenza, ¿es verdad todo lo que está diciendo su hijo? Y si es así, ¿por qué no dijo nada ante este tribunal?
-Señor juez. Todo lo que ha dicho mi pequeño Benjamín es cierto. Y si no le he dicho nada a usted señoría es porque ella me prometió que si yo cargaba con las culpas no volvería a tocar al niño...
-En vista de los nuevos acontecimientos ordeno que entre en prisión preventiva la señora Margarita Pena, y que se prepare una vista oral para fijar la fecha del juicio por abuso de menores a su hijo de 7 años Benjamín Olivenza Pena. Así como dictamino que se ponga inmediatamente en libertad provisional al señor Octavio Olivenza, pendiente de un juicio por agravios leves a su mujer. Ahora sí, ¡se levanta el acta!
Benjamín corrió hasta los brazos de su padre que lo abrazó con todas sus fuerzas. Secó sus lágrimas con su camisa y volvió a abrazar a su hijo.
-Tienes que entenderme Benjamín. Tenía que hacerlo para que ella te dejase en paz. Lo hice por ti hijo...
No hizo falta nada más, ni una sola palabra, ni un gesto. Benjamín estrechó fuertemente a su padre entre sus brazos y rompió a llorar otra vez, pero ahora con el alivio de saberse a salvo de ella...”
Un tema difícil y espinoso este tratamos esta semana... He intentado dejar mi aportación lo mejor que he podido con este relato... Espero que os guste...
Un millón de besos para todos y sobre todo para los niños. Ruidos...Por iniciativa del CUENTACUENTOS
Mi aportación al concurso de Relatos de Terror de Cuentacuentos
Ruidos
“Eran las 3 de la madrugada. Mario e Isabel dormían plácidamente cuando un ruido la sobresaltó. Despertó de su sueño y aunque creyó que aquel sonido había sido producto de su imaginación tardó un buen rato en volver a dormirse.
Al rato un nuevo sonido extraño volvía a arrancarla de su sueño, y esta vez, temblando despertó a su marido:
-Mario, cariño. Despierta.
-¿Qué pasa? ¿Ya es hora? Es que no he oído el despertador.
-No, es que ya es la segunda vez que me ha parecido oír un ruido en casa.
-¿Estás segura? – preguntó Mario mucho más despierto.
-Sí, escucha... – dijo Isabel acurrucándose contra su marido bajo las sábanas.
Escucharon en silencio durante un buen rato y nada. Ni un solo sonido que les advirtiese que algo estaba sucediendo. Podían oírse respirar el uno al otro y Mario sentía como todo el cuerpo de su esposa temblaba.
-Tranquila, no ha sido nada. Volvámonos a dormir, que mañana hay un duro día de trabajo por delante.
-Sí tienes razón. Mañana hay mucho que hacer y será mejor que estemos descansados.
No habían pasado ni cinco minutos cuando volvió a escucharse otro ruido. Esta vez eran pequeñas y rápidas pisadas por el pasillo. Al principio que se acercaban a la puerta de su habitación, pero luego volvían a alejarse...
-¡Mario!
-Tranquila, lo he oído.
-¿Lo has oído y me pides que esté tranquila?
-¡Shhhh! Escucha...
Otra vez aquellos pasos que parecían acercarse a la puerta parcialmente abierta de su habitación, pero ellos no veían nada. Los pasos terminaron justo en la puerta. Mario e Isabel estaban en tensión. En la puerta no había nadie y sin embargo aquellos pasos habían terminado justo allí...
Se quedaron en silencio y volvieron a escucharlos pero esta vez al final del pasillo, sonaban diferentes y familiares y esta vez vinieron acompañados de un susurro:
-Shhh, no hagas ruido o mamá y papá nos castigarán...
-Joder, que susto... Es Susi – dijo Mario claramente aliviado. – ¿Pero con quien habla?
-Tiene un amigo imaginario, ¿no te lo había dicho?
-No me lo habías comentado. Así que un amigo imaginario... ¿Con sólo tres años?
-Es muy normal cielo. Aquí casi no hay niños y creo que todos de pequeños hemos tenido algún amigo imaginario con el que compartíamos juegos, ¿tú no?
-Mmmm... No lo recuerdo – y dándole un beso en la frente añadió. – Voy a meter a la pequeña en la cama.
Mario abrió la puerta de la habitación esperando ver a la niña allí, pero no vio nada. Se dirigió a la habitación de su hija, sintiendo como su corazón se aceleraba y sin entender por qué...
Se paró delante de la puerta. Estaba cerrada, cuando ellos siempre la dejaban entornada, por si la niña lloraba o tenía una pesadilla y quería ir a junto de ellos. Tomó aire, cogió el pomo y decididamente lo giró.
Entró en la habitación que estaba a oscuras. Se acercó a la cama de su hija y vio como las mantas marcaban su cuerpecito.
Se acercó para arroparla bien y darle un par de besos, pero al inclinarse sobre la cama pudo ver que esta se encontraba vacía. Un escalofrío recorrió su cuerpo al tiempo que destapaba completamente la cama. No estaba, la niña no estaba...
Se giró en redondo para poder ver bien toda la habitación. Nada. No la veía en ningún rincón escondida, pero un sonido a su espalda llamó su atención.
Se giró, y vio el armario. Estaría allí dentro escondida, jugando al escondite con su amigo imaginario. Se acercó silencioso al armario. No quería asustarla mucho, pero se merecía un pequeño castigo por hacérselo pasar mal...
Abrió la puerta del armario de golpe y la niña no estaba allí. Él podría haber jurado que un ruido había salido de aquel armario, pero no había nadie en él.
Se giró y vio otra vez la cama. Seguro que estaba allí debajo metida. Se acercó y se arrodilló. Levantó las mantas y se asomó. Allí al fondo vio una sombra...
No se mueve, pensó. ¿Por qué no se mueve? Y el terror comenzó a apoderarse de él. Su mano temblorosa se perdió bajo la cama, cada vez más cerca de aquel bulto que no podía distinguir y al fin tocó algo.
Un pie, un pie frío, helado diría él. Todo su cuerpo se paralizó y sintió como si hubiese bajando la temperatura de repente. Tomo aire, no podía ser... Y con aquel temblor en el cuerpo comenzó a tirar.
Casi lo había traído hasta la parte iluminada por la poca luz que entraba por la ventana. Parecía un pequeño cuerpo inerte. Su corazón latía a mil revoluciones. Cogió el cuerpo y rezando lo giró...
-¡Dios! – dijo ahogando un grito. – Maldita muñeca...
Era aquella muñeca tan grande que su hermana le había regalado a Susi. Nunca le había gustado y ahora acababa de pasarle el peor trago de su vida.
Si en el armario no había nadie y bajo la cama sólo estaba la muñeca, ¿dónde podía estar su hija? Y entonces vio unos pequeños pies asomar bajo el borde de la cortina y pudo escuchar una pequeña risilla.
Se sintió aliviado y pensó que podía continuar con el juego. Se levantó y se acercó sigiloso hasta la ventana, casi sin hacer ruido y cuando ya podía alcanzar la cortina con la mano dijo en un susurro:
-¿Dónde podrá estar mi pequeña Susi?
De un tirón apartó la cortina y de nuevo todo su cuerpo se tensó. Detrás de la cortina no había nada, pero allí abajo seguía habiendo unos pies, hasta que se fijó bien. Sólo eran unas zapatillas.
Respiró aliviado, soltó la cortina y una pequeña carcajada. Se estaba volviendo paranoico aquella noche, y no podía permitirse perder la cordura.
Se giró para salir de la habitación y buscar a la niña por el resto de la casa, cuando por el rabillo del ojo pudo ver un movimiento extraño en la cortina.
-Bueno ya está bien Susi, si no dejas de jugar papá se va a enfad...
No pudo acabar la frase. Detrás de la cortina volvía a no haber nadie, pero el rostro pálido de un niño le miraba fijamente desde el reflejo de la ventana.
Dio un paso hacia atrás, tropezó con la muñeca y cayó al suelo. Aquel rostro seguía mirándole y sólo pudo balbucear:
-Isa... Is... ¡Isabel! – pero no lo suficiente como para que su mujer le escuchase.
Dio un vistazo rápido a la puerta y al volver a mirar hacia la ventana ya no había nada allí. Su cuerpo no reaccionaba y pasaron varios segundos hasta que pudo incorporarse y salir corriendo hacia su habitación, donde su esposa seguiría en la cama.
Entró a todo correr y se quedó paralizado al contemplar la escena que allí lo esperaba. Sobre la cama su mujer jugando con su hija.
-¿Qué pasa Mario? Estás muy pálido. Ni que hubieses visto un fantasma...
-¿Cuánto rato lleva aquí Susana?
-Desde que te has ido. Debía de estar escondida en el cuarto de baño, porque ha sido salir tú y ha entrado ella. Tardabas tanto que pensé que estarías haciendo algo...
-Isabel – dijo antes de echarse a llorar. – Isabel, en el cuarto de la niña había algo.
-¿Algo? Explícame a que te refieres. ¿Algo como qué?
-Un niño, ¡o al menos la imagen de un niño reflejada en el cristal de su habitación!
-Pero... ¿Tú te has oído lo que has dicho?
-Ya te lo había dicho yo mami, pero no quisiste creerme.
Isabel y Mario miraron a su hija que jugaba alegre sobre la cama. Isabel cogió la cara de su hija entre sus manos y dándole un beso en la frente le dijo:
-Mi vida. ¿Y dónde está ese niño?
-Aquí en la casa, con nosotros, como tiene que ser...
-¿Cómo tiene que ser? ¿A que te refieres Susana? – dijo Mario visiblemente asustado.
-Susi, mira a mamá... Dime, ¿dónde está ese niño?
Susi se apartó de su madre, bajó de la cama y se acercó hasta la gran cómoda que tenían presidiendo aquel cuarto. Abrió uno de los cajones y se puso a rebuscar.
Al fin cerró el cajón y se acercó de nuevo a ellos. Se subió a la cama y le dio a su madre una foto.
-Hoy es su cumpleaños y sólo quiere jugar...
Isabel rompió a llorar. Susana acababa de darle la foto de su hermano Pedro, que había muerto por la llamada “Muerte Súbita” año y medio antes de que ella naciese.
-¡Mario! ¿Qué día es hoy?
-¡Joder! 1 de noviembre... ¡Hoy es 1 de noviembre!
-Dios – dijo Isabel entre lágrimas. – Hoy era su cumpleaños...
Comenzó a hacer mucho frío en aquella habitación, tanto que incluso podían ver la nube que formaba el aire caliente que expulsaban sus pulmones.
Y entonces Susana señaló hacia la puerta de la habitación y se quedó callada mirando hacia allí.
-Susana cielo, ¿qué haces? – preguntó su madre.
-No tengáis miedo. Está ahí y sólo quiere jugar…” 11/19/2007 Insomnio...Por iniciativa del CUENTACUENTOS
54. – Insomnio.
“El camino es tan estrecho que se hace difícil caminar erguida sin caer o al menos eso me parece mientras subo las escaleras de mi casa hasta mi habitación, y allí me tumbo en la cama. Estoy rendida y seguro que el sueño pronto se apodera de mí, pero siempre me equivoco...
En cuanto me acuesto en la cama el sueño y el cansancio desaparecen tan rápido que no puedo darme casi cuenta, y así empieza otra noche de insomnio. Otra larga noche...
Me acuesto y pongo la televisión. Veo la serie del día: CSI, Cuestión de sexo, Kyle XY, House... Da un poco igual, la cuestión es estar entretenida para no darme cuenta de que las horas pasan.
A veces hasta estoy leyendo un libro al tiempo que tengo la televisión puesta, y el ordenador encendido, por donde, de vez en cuando, mantengo alguna conversación con algún amigo perdido por el mundo.
Y según avanza la noche siento una opresión dentro de mí al no poder conciliar el sueño, y comparto noches en vela con algunos de mis CC, hablando de mil cosas, e intercalando las charlas con documentos de Word que tengo abiertos, donde se esconden mil relatos que algún día verán la luz...
Y entonces dan las 3 o las 4 de la mañana. Hora en la que me obligo a dejarlo todo. Momento en el que me obligo a tratar de dormir. Instante en el que la oscuridad se hace palpable, el silencio retumba en el aire, y me siento como si estuviese sola en el mundo.
Me acuesto, me acurruco bajo las sábanas con mi perro y con la esperanza de que el sueño y el sopor pronto vengan a ocupar su lugar a mi lado, en esta cama en la que me pierdo.
Doy vueltas, no consigo dormir. Me levanto y a oscuras recorro la casa. Voy a la cocina, bebo algo, quizá encuentro algo ligero que comer y vuelo en silencio a mi cuarto, para no despertar a nadie.
Otra vez bajo las sábanas. Más vueltas, silencio, oscuridad, el tiempo pasando sin que el sueño llegue hasta donde yo estoy. Enciendo la luz, cojo la libreta y el bolígrafo que tengo en la mesita y me pongo a escribir mil cosas que al final se quedarán en nada, por no tener coherencia.
Apago la luz, pasan los minutos, el perro duerme a mis pies, le oigo roncar. Me enfado. Me molesta que duerma y yo no ser capaz, así que le doy un pequeño golpecito con el pie y lo despierto, dejándolo al pobre con cara de sueño y sin saber que está pasando. Así que lo cojo y lo abrazo contra mi pecho.
-¿Tú tampoco puedes dormir?
Y acariciándolo el perro se vuelve a dormir y vuelvo a quedarme sola, en el silencio de la noche y sin rondarme apenas el cansancio.
Un ruido. Me quedo quieta en la cama. Mi padre se levanta para irse a trabajar, lo que me revela la hora que es, las 6.20 de la mañana. Me quedan tres horas más antes de tener que levantarme. Ahora sí, ahora llega el agobio...
Me quito la almohada de debajo de la cabeza y la coloco paralela a mí, en la cama. Apoyo la cabeza en ella y la abrazo. Quiero dormir y no puedo. Una lágrima esquiva resbala por mi mejilla, como cada noche, y entonces estiro la mano y sobre la cama, en la cabecera toco a Ratoncito, que siempre está ahí, durante mis noches de vigilia.
Tocarle hace que me tranquilice. No sé, ese peluche puede hacer que se desvanezcan mis penas en un momento, sólo con tocarle en plena oscuridad, cuando ya no puedo más y me siento derrotada, es cuando al fin, el sueño decide acomodarse a mi lado en la cama.
Morpheo ocupa el lugar que le corresponde hacía ya horas, para ocuparlo apenas un par de ellas y caigo rendida en sus brazos mientras abrazo la almohada con una mano y con la otra acaricio a Ratoncito...
Ahora vamos camino de la una de la mañana y publico mi relato. No sé a que hora podré conciliar el sueño, porque no sé que planes tiene para mí esta noche el bueno de Morpheo, el guardián de los sueños.
Aunque esta noche es diferente. Puedo oír el sonido de la ansiada lluvia repiquetear en el techo y ese sonido me relaja, me ayuda a llegar hasta el onírico abrazo al que me transportará Ratoncito en un par de horas, o al menos eso espero...
Así son mis noches y las de algún Cuentacuentos más... Noches de insomnio, noches en las que la oscuridad y el silencio se vuelven más un enemigo a batir, que un aliado al que alabar...
Deseo que tengáis todos sueños reparadores, y que al menos, para con vosotros Morpheo tenga unos planes mejores, que compartir la noche con esta loca insomne...
¡Que tengáis muy buena luna!
Dedicado para Beleita con mucho cariño. Que sabes que te kero mucho y no me cansaré de repetirtelo día sí y día también... Y que digas lo que digas y te pongas como te pongas, para mí tú siempre serás una "Princesa"... 11/12/2007 La llamada...Por iniciativa del CUENTACUENTOS
53. - La llamada...
“-¿Qué haces?
-Ver porno. ¿Y tú?
-Pensaba en ti.
-Así que pensabas en mí, ¿eh? – dijo Carlos al tiempo que bajaba el volumen del televisor.
-Sí, en qué estarías haciendo... – y Lidia añadió pícaramente. – Por mí no le bajes el sonido a la tele.
-Es que aunque no lo creas me da vergüenza.
-Entonces ¿por qué me has dicho que estabas viendo porno?
-¡Porque no me he dado cuenta niña!
-¿Tan centrado estabas en lo que veías? ¿O es que tenías algo importante “entre manos”.
-Eh...Bueno, yo... Si no...
-¡Tranquilo tonto! Si sabes que no me importa. Sólo que a lo mejor deseabas algo más que ver porno.
-¡Ya sabes que sí! Pero cuando te ofrecieron ese trabajo ya sabíamos que nos tocaría estar separados un tiempo.
-Lo sé. Y te echo mucho de menos...
En el piso de Carlos sonó el timbre, y se apresuró a apagar el televisor para que no pudiesen ver lo que él tenía puesto. Y al otro lado del teléfono Lidia seguía hablando.
-¿Has quedado con alguien?
-¡Que va! He llamado a Telepizza y debe de ser mi cena. Espera un segundo que voy a abrirle la puerta.
-Tranquilo cielo, espero...
Carlos abrió la puerta con el móvil en una mano y el dinero para la pizza en la otra.
-¿Quieres la pizza o ves algo que te apetezca más?
Y allí estaba Lidia, con las pizzas en una mano y con la otra apoyándose en la pared. Llevaba puesto un abrigo largo, abierto, dejando ver lo que escondía debajo...
Medias de esas que terminan en el muslo. Un tanga negro de encaje y un corpiño a juego, también en encaje transparente, que terminaba en un sensual liguero. Sobre sus hombros caía su larga cabellera pelirroja. Y en su boca una sonrisa pícara acompañaba el paseo de su lengua sobre sus labios.
-¡Joder nena!
La cogió por la cintura y la metió dentro de casa y cerró la puerta tras ellos. Dejó las pizzas sobre la mesa y comenzó a besar a Lidia con pasión, con ardor. Carlos llevaba dos meses sin verla y no podía más. Deseaba tenerla una vez más, como tantas otras veces. Lo deseaba más que a nada....
Ella comenzó a desnudarle, aunque no tenía mucho trabajo, porque él sólo llevaba puesto una camiseta y los calzoncillos, pero le miraba juguetona. Sonriendo y sembrando pequeños mordiscos por su cuerpo.
Iba besando su torso centímetro a centímetro y Carlos dejaba escapar un suspiro cada vez que sentía los labios de Lidia sobre su piel. Se estaba dejando llevar por el calor que desprendía el cuerpo de ella, por la suavidad de su cuerpo.
Notó que ella se agachaba y se ponía de rodillas delante de él. Notó como sus calzoncillos comenzaron a bajar lentamente por sus piernas y supo lo que iba a ocurrir, así que bajó la mirada y levantó el rostro de ella por la barbilla.
-Cielo, no hace falta que hagas esto, ¿lo sabes?
-Claro que lo sé amor, pero llevo dos meses sin verte y ahora sólo pienso en tenerte, en que me hagas tuya, en hacerte disfrutar...
Dijo esto último mientras le miraba a los ojos y al tiempo que comenzaba a jugar con la lengua sobre su recién llegada erección. Sabía que eso lo volvería loco y pudo notar como todo el cuerpo de Carlos se tensaba y se dejaba caer, apoyándose por completo en la pared del salón.
Ella continuaba con su labor. Saboreándolo con la lengua y notando como crecía dentro de su boca. Y notó como una mano de él se posaba sobre su nuca, guiando los movimientos de ella. Haciéndolos más salvajes. Lidia sabía que Carlos estaba a mil y eso le encantaba...
-Cariño para o voy a descargarme en tu boca.
-¿Acaso sería la primera vez? – dijo Lidia entre risas.
-Tienes ganas de fiesta, ¿eh? – dijo Carlos al tiempo que hacía que Lidia se levantase y la sentó sobre la mesa de la cocina.
Se agachó frente a ella y comenzó besando sus pies y fue subiendo lentamente por sus piernas, por el interior de sus muslos hasta llegar a la gruta del placer. Donde se perdió largo rato, mientras Lidia se abandonaba al placer que todo aquello le proporcionaba.
Después de un tiempo paró, la cogió de la mano y la llevó hasta la puerta del balcón. Descorrió las cortinas y la puso contra el cristal. Estaba frío, y esa sensación en sus pechos hizo que toda su piel se erizase. A ella la excitaba mucho la idea de estar desnuda, frente a la ventana, y que alguien pudiese verla, verlos, a través de la ventana.
La hizo arquear la espalda, echando su cuerpo hacia atrás. Detrás de ella, él se la metió con suavidad. La agarró por la cintura y empezó a moverse con más brío. Los dos gemían al tiempo. Él se acercó a su oreja y le dijo bajito y con voz insinuante:
-Te gusta pensar que puedan vernos, ¿eh? Lo noto en tu respiración...
-Sí, me gusta la idea, casi me excita más que tú... – volvió a decir ella entre sonrisas.
Después de decirle eso ella notó un cachete en el culo. Le había pegado un azote. Y soltó un pequeño gemido.
-Sí, dame más. Más fuerte, no pares, me encanta...
-Ay niña... ¡Cuanto me gustas!
Le escuchó gemir y al rato otro cachete más, y otro, y otro… De allí a un rato paró, la cogió en brazos y la llevó hasta la cama, donde la tumbó. Se besaron durante un buen rato, mientras ambos hacían excursiones por el cuerpo del otro. Intentando causar nuevas sensaciones en su pareja.
Luego ella se acostó sobre él y mientras se besaban dulcemente pudo notar como la llenaba por completo. Al estar sobre él, un poco levantada, sus pechos quedaban a la altura de su boca, y él no perdía tiempo sin besarlos y esparcir mil besos en su piel, hasta que la escuchó decir:
-Eres mío campeón…
-¿Ah sí? ¿Tú me estás dominando?
Él empleó todas sus fuerzas en darse la vuelta y ponerse sobre ella. Fue un poco brusco, pero sabía que eso a ella le encantaba. La hizo suya con fuerza, con pasión, con deseo y le agarró los brazos sobre la cabeza. La tenía inmovilizada y estaban dando rienda suelta a deseos callados desde hacía ya meses...
-¡Tú sí que eres mía, nena!!
Se acercó a besarla y ella le mordió el labio. Eso hizo que se excitase todavía más y finalmente le soltó las manos, y ella al sentirse liberada las llevó a su espalda, para abrazarle y sentirle más cerca.
Se había vuelto todo muy salvaje. Le notaba entrar y salir de su cuerpo con fuerza, con brío y no pudo evitar arañarle la espalda. Le escuchó gemir en ese mismo instante y Lidia no pudo aguantar más. Se dejó llevar por el éxtasis al que había llegado.
-¡Dios! Carlos, cariño... No puedo más...
-Yo tampoco preciosa, yo también me corro...
Y entre gemidos de placer Carlos y Lidia llegaron juntos a uno de los orgasmos más placenteros de sus vidas. Él la abrazó contra su pecho y la besó en la frente.
-Te eché mucho de menos mi niña.
-Y yo a ti campeón. Tenía muchas ganas de verte y estar contigo.
Y volvieron a besarse durante largo rato, sabiendo que pronto Lidia tendría que volver a viajar para ir a su trabajo y que volverían a pasar meses hasta que volviesen a verse.
-¿Y ahora que hacemos princesa?
-¿Me enseñas esa peli porno que estabas viendo?
-¡Joder cuanto me gustas!
Pues con todo mi cariño (aunque a veces no se lo merezca...) para mi Jara. Que con su(s) frase(s) me ha inspirado este relato pseudo-erótico...
(O erótico del todo... jejeje)
Espero que lo disfrutéis... Y las manos a la vista, eh?? jijiji ;p
11/6/2007 Un encuentro algo magico...Por iniciativa del CUENTACUENTOS
52.- Un encuentro algo mágico...
“Una mancha de vino en el mantel. Un vino rosado que dejaba sobre aquel blanco mantel un cerco casi de color violeta... Quizá algo muy normal, pero a mí me hacía recordar aquella historia que mi bisabuela me contaba antes de dormir, cuando yo era pequeña.
‘La historia trataba sobre siete seres mágicos que un día decidieron reunirse para llenar un poco más sus mundos de alegría, ilusión y magia...
Quedaron en lo que podría haber sido el claro de un bosque, en el centro, entre un sinfín de enormes árboles de acero, para que todos pudiesen verse y reconocerse, aunque bien era verdad que aquel enigmático grupo ya se había reunido alguna otra vez. Con la diferencia que ahora contaban con una pequeña Hada entre sus filas.
Aquel claro del bosque quedaba lejos de la zona explorada por ella y por eso decidió hacer el camino con Yas. Lo vio a lo lejos y según se acercaba a él, vio a un ser enorme, era un Ent... Debería medir más de 3 metros, y en cuanto lo vio la Hada lo reconoció al instante. Se saludaron y ella pudo ver el extraño vehículo en el que había llegado hasta su punto de encuentro. Era algo extraño con un par de artilugios redondos unidos por tubos y con una especie de triángulo mullido...
Él decidió llevarla por los túneles que había bajo aquel “bosque”, unos túneles excavados para desplazarse de un lugar a otro sin ir por la superficie y con más rapidez, pero que no siempre cumplían su función...
El vehículo que transportaba se quedó atravesado en una de las estrechas entradas del túnel, pero al fin pudieron continuar su camino hacia el lugar de reunión.
Llegaron y se encaminaron hacia aquel claro, donde varias “cascadas naturales” les rodeaban y el sol calentaba su piel. Habían llegado pronto, así que decidieron ponerse a la sombra y según se dirigían hacia allí se encontraron con otro personaje del grupo. Popi, que era un Fauno, de esos que son tan enigmáticos. Saludó a Yas y después se presentaron él y la Hada.
Allí continuaron hablando y contándose cosas para reencontrar aquella complicidad que muchas otras veces habían compartido con “Mensajes Sencillos Neuronales...”
Y entonces lo vieron llegar. Hell, aquel majestuoso Hipogrifo había echo su aparición y tanto el Ent como el Fauno pudieron ver como aquella pequeña Hada fue hasta él para fundirse en un abrazo con tanta efusividad, que el Hipogrifo casi le prende fuego (jejejej…)
Allí estaban más de la mitad reunidos. Esperando al resto del comité para poder comenzar a crear mundos maravillosos en los que no dejar de sonreír.
A lo lejos vieron a una Duendecilla que miraba a su alrededor, desde el claro del bosque. La Hada la miraba sonriendo, sería ella? Sería Mun? La llamaron y se reunió con todos ellos. Sí que era parte de aquel extraño grupo.
Y entonces gracias a la conexión que existía entre aquellos seres mágicos, supieron que dos de ellos llegarían tarde, así que decidieron adentrarse caminando en el bosque.
Miles de animales y seres se cruzaban con ellos, pero casi ni se percataban de su presencia. Ellos parecían un grupo normal de amigos, aunque en realidad no eran para nada normales...
Se pararon un momento porque sentían que se acercaba alguien que era parte de ellos, y del medio del bosque vieron surgir a Miss_Lawliet, una hermosa Ninfa de pelo rojo que les abrazó a todos y comulgó en la presentación con la pequeña Hada.
Continuaron caminando por aquel bosque de enormes árboles, dirigiéndose a ningún lugar en concreto. Pararon a descansar cerca de donde había un gran tronco cortado que les sirvió de mesa y donde un joven Minotauro les trajo algo para retomar fuerzas.
Allí hablaron de todo. De otras culturas, de formas de torturas, de asesinos en serie... Miles eran los temas que abarcaban con su sabiduría. Y sin darse cuenta del tiempo, la última del grupo se unió a ellos... Una hermosa Elfa de ojos claros, que la Hada dijo que quería tener lejos.
Siguieron un rato más allí, para conocerse todos un poco más y la Hada sacó unos presentes que tenía para ellos... Al Ent le regaló un objeto para crear fuego, al Fauno una representación corpórea de la muerte. A la Duendecilla, la Ninfa y la Elfa, les obsequió con azabache, para ahuyentar a los malos espíritus. Y al Hipogrifo le regaló lo más preciado que poseía, sus recuerdos embasados para que nunca los perdiese...
Después sus pasos los encaminaron hacia una cueva en la que aplacarían sus ansias de comer, todos juntos y donde comenzarían a cambiar el mundo con sus palabras y sus mágicos deseos...
Guardaban en pequeñas cajas más recuerdos. Eran cajas especiales a través de las que mirar al resto de la comitiva y tras un pequeño fogonazo de luz, sus recuerdos se quedaban allí grabados, para que no muriesen en el olvido.
Volvieron a pasear por aquel bosque encantado, lleno de árboles enormes y otras vidas que pasaban a su lado sin ver que ellos eran el futuro, sin comprender que en ellos residía la esperanza.
Llegaron otra vez al claro del bosque, estaba anocheciendo y la Ninfa tenía que marcharse ya. No podía quedarse más o la oscuridad la envolvería y no podría regresar.
Plasmaron sus huellas en un artilugio extraño que la pequeña Hada transportaba, y dejaron allí constancia de mil cosas, escondidas bajo palabras y dibujos.
Se fue, la Ninfa los dejó y ellos decidieron que podían estar un rato más juntos, y caminando por el bosque llegaron a un lugar cerca de un gran arroyo del que les sirvieron de beber.
Continuaron hablando durante un buen rato, pero poco a poco se hacía más y más tarde... El Hipogrifo tenía que marcharse también y la pequeña Hada echó a volar hasta sus brazos. No sabía cuando volvería a verle y quería recordar aquel momento durante mucho tiempo. Hundió la cabeza en su pecho y luchó porque las lágrimas no saliesen de sus ojos, y lo logró con todas excepto con una...
Luego poco a poco se fueron despidiendo. La Elfa y la Duendecilla iban por caminos diferentes al suyo y se adentraron en dirección opuesta en toda aquella oscuridad en la que vivían.
Y nuevamente me encaminé con el Ent y el Fauno hasta aquel claro del bosque. El primero en irse fue el Fauno, más abrazos y despedidas. Y un poco después el Ent también se fue...
Ya se habían ido todos... El Hada estaba ahora sola y no pudo evitar sonreír al recordarles y al pensar en el grupo tan extraño que habían formado: un Ent, una Elfa, un Fauno, una Duendecilla, una Ninfa, un Hipogrifo y una Hada...
Formaban un grupo muy extraño, pero al fin y al cabo eso era lo que les hacía especiales. La pequeña Hada no sabía cuando volvería a verles, pero sabía que siempre les llevaría a todos en su corazón...’
Quizá os preguntéis porque una mancha de vino me recordó esta historia... Pues por esa mancha que dejó sobre el mantel, una mancha imborrable, igual que la huella que han dejado en mi corazón unos personajes increíbles de cuento de hadas. De mi cuento de Hadas...”
Dedicado con cariño para Carabiru, por prestarme esta primera frase... Y ahora las dedicatorias especiales:
*Al Ent, el bueno. Por venir a buscarme, y por tener siempre esa sonrisa preparada y que cojones, por ser tan gracioso y positivo...
*A la Elfa, la de los ojos hermosos. Gracias por compartir el día conmigo, por ser como eres y por la charla sobre consoladores que hemos compartido...
*Al Fauno, el misterioso. Sigue siempre así, que me encanta como eres tío!! Y nada de Frikyniobe!!! Eso guardado bajo tres llaves!!! jajaja... Eres un encanto.
*A la Duendecilla, la dulce. Por compartir tantas miradas, abrazos, caricias y momentos conmigo. Y te guardo rencor por no reconocerme el domingo... Yo y quien tu sabes... ;p
*A la Ninfa, mi pelirroja. Que ya sabes que tenía muchas ganas de conocerte y verte en persona. Gracias por todos los momentos de risas y confidencias escondidas.
*Al Hipogrifo, mi niño. Que te puedo decir tío. Que gracias por estar, por los abrazos, por el cariño, por las risas... Gracias por ser tú y estar conmigo.
No cambiéis nunca. Siempre os llevaré en mi corazón.
Os kero mucho a todos!!!! 10/29/2007 En sus sueñosPor iniciativa del CUENTACUENTOS
51.- En sus sueños...
“Porqué el mar es azul? Por la refracción de la luz del sol? Por el reflejo del cielo? Por algas o sedimentos en suspensión? Un montón de respuestas posibles...
Allí estaba él. Sentado frente a la inmensidad del mar, cerca de la orilla, donde había pasado la mayor parte de las noches...
Sentía como si el mundo se hubiese olvidado de él y girase sin tenerle en cuenta. Como si el tiempo continuase para todos menos para él. Como si se estuviese quedando atrás.
Hacía un par de días que había conseguido verlo todo claro. Estaba a punto de encadenarse en una relación que no le llenaba por dentro. Que no le hacía sentir la pasión y todo por ella, por su sirena...
Había conocido en sueños a una sirena que le rescató de un naufragio seguro cuando su vida se había perdido en la inmensidad del universo.
Soñaba con su sirena noche tras noche. Con sus besos, con sus abrazos, con como sería poder tenerla cerca y al final decidió verla...
Se la jugó por su sirena. Hizo un viaje hasta la costa y se sentó en aquella playa, mirando al mar, durante tres días seguidos. Esperando que su sirena apareciese y al final apareció.
La vio acercarse a la orilla, cuando ya casi había anochecido. La vio hacer un par de piruetas en el mar. Pudo ver su cola de color azul, su larga cabellera y su rostro angelical.
Después vio su figura acercarse a la orilla y entonces pudo ver como salía del agua, ahora ya con unas gráciles piernas que la llevaban hasta donde estaba él.
Estaba desnuda. Podía ver sus pechos firmes, que con su suave balanceo parecían invitarle a sentir su calor, su suavidad... También el contoneo de sus caderas era insinuante y le mantenían hipnotizado para que no existiese nada más que ella en aquel momento.
Se acostó sobre él y le besó, y en aquel preciso instante sus ojos entraron en contacto con los de ella, que le lanzaron un hechizo del que cayó preso sin ofrecer resistencia.
Y entonces se dejó arrastrar por sus deseos y la hizo suya... Se desvaneció en su aroma, se abandonó entre sus cabellos y se perdió en su amor, en la pasión que ambos sentían y que hizo que aquella noche pareciese no terminar nunca...
Junto a ella el tiempo pareció detenerse, pero no fue así. Tuvo que volver a alejarse de ella en cuanto amaneció, porque el sol lo devolvió al mundo real... Sólo había sido un sueño.
Volvió a casa, a aquella relación en la que no era feliz, pero sabiendo que su sirena estaría siempre con él. Y desde aquella vez, cada noche, en sueños, volvía a aquella misma playa, donde sabía que su sirena estaría esperándole...”
Pues la frase de esta semana va dedicada a Yaiza, por ser la dueña de la primera frase que me ha servido de inspiración... No es muy bueno, aunque espero que esté a la altura...
Besos a todos!! 10/23/2007 Homenaje a CC, frase 100...Por iniciativa del CUENTACUENTOS
50.- Homenaje a CC, frase 100...
Parte 1
“Para que me conozcas mejor te voy a contar una serie de cosas que han pasado en mi vida y que de una u otra manera han marcado mi forma de ser para convertirme en la persona que soy ahora...
Recuerdo aquel día como si fuese ayer, era el 8 de noviembre de 2006, hace casi un año ya. Hacía frío aquella mañana, yo iba como siempre hacia mi trabajo, apenas 5 minutos lo separaban de mi casa, pero es increíble la de gente con la que puedes llegar a cruzarte.
Aura es una mujer que al igual que yo va a su trabajo dando un paseo todas las mañanas. Día tras día nos cruzamos y podía ver las miradas escondidas entre ella y el chico de la librería. Pero aquel día era diferente, al volverse lo vio todo claro, no sé de donde sacaría las fuerzas, pero se dirigió a él y le besó. Así sin más. Y yo seguí el camino hasta mi trabajo con una sonrisa en los labios.
Entré en la tienda y me dispuse a hacer el pedido para el día siguiente. Cuando cogí el bolígrafo la mano me temblaba, creo que ya sabía que aquel día sería especial, aunque no supiese muy bien porque. El golpe de la puerta me despertó de mis pensamientos, como si volviese de un sueño muy profundo.
Estábamos a principios de noviembre y ya había gente haciendo sus compras de nochebuena. Estaba claro que esta iba a ser una Navidad diferente y muy movidita para todos. Empezaba a pensar que me había equivocado con ella, tenía en la cabeza que sería una Navidad más, pero me equivocaba.
-En qué estás pensando? – dijo mi amiga al entrar en la tienda. Nunca supe que sabía a lo que había venido. Pensé que era una casualidad que estuviese allí. No que esperase que yo le dijese que uno de nuestros amigos había muerto.
Me sentí fatal por ser yo la que le diese la noticia. Una lágrima asomaba a sus ojos verdes y no pude hacer nada más que abrazarla y brindarle mi apoyo...
Después de que se fuese y como no había mucho que hacer en la tienda me puse a leer el periódico. Encontré la foto de una mujer muy hermosa, aunque tenía algo especial en su rostro. Brotaba pintura de entre sus dedos, o eso creí hasta que me leí que la habían asesinado y concluí que aquella pintura que yo imaginaba en aquella foto en blanco y negro era sangre.
Continué leyendo y allí estaba, entre otras muchas cartas al director. ‘Esta mañana, después de tanto tiempo, he vuelto a ver mi nombre en el periódico’, pensé. ‘Una vez más, una de mis cartas al director publicadas, aunque como siempre caerán en saco roto...’
Al lado de la mía y llevando como título 'Está usted despedido', alguien había escrito una tesis sobre los cambios que puede crear sobre una persona esta frase. Y había otro de una mujer maltratada que comenzaba diciendo: ‘Era el miedo el que gobernaba mis palabras cuando al fin le denuncié tras años de palizas y vejaciones’. Y terminaba con una frase que siempre llevaré en la mente: ‘aquel día caminando por la orilla me sentí verdaderamente libre en mucho tiempo’.
Mil historias habían compartido mis cartas al director en aquel periódico. Un hombre alcohólico que decidió dejar su vicio un día que recuperó la consciencia con un terrible dolor de cabeza y se dio cuenta de que su mujer se había marchado con sus hijos. Una muchacha que nos contaba que era verano, hacía calor y acababa de enamorarse, que no sé cuanto duraría su amor, pero lo había compartido con todos nosotros.
Recuerdo con emoción el de una mujer a la que le habían pedido matrimonio hacía poco tiempo y terminaba así su exposición: ‘sólo me estaba pidiendo una respuesta y eso era lo que me aterraba’, una respuesta que cambiaría su vida por completo. Y recordaba con un poco de miedo una que escondía locura tras cada palabra: ‘el duendecillo de los cereales me miró y habló así’. Quizá ese fue uno de los más espeluznantes que leí...
Entonces lo comprendí todo. La vida estaba llena de personas dispares porque ahí estaba la gracia... De que servía ser todos iguales? Era mucho más divertido encontrar las diferencias que te hacían especial.
Recordaba perfectamente (y aún recuerdo) el momento en el que conocí a mi mejor amiga. La noche se nos hacía más y más lúcida, mientras celebrábamos el comienzo de un curso nuevo. Nuevos amigos, nuevos profesores, nuevos momentos para compartir... También recuerdo aquellas conversaciones que teníamos en las que parecía que podíamos resolver el mundo. Recuerdo su sonrisa de niña esculpiendo la mía, cuando me contaba a medias aquellos secretos y al final siempre terminaba con un...
-El viernes, cuando nos veamos, te cuento...
Y así me quedaba yo sin saber cuál era la nueva novedad en su vida. Y después el tiempo pasó y como siempre dicen pasa para todos, no sólo para unos cuantos y entonces tuvimos que tomar caminos diferentes. Ella se perdió entre la multitud como se pierde una lágrima entre la lluvia. Durante una temporada estuvimos sin saber casi nada la una de la otra, pero el tiempo volvió a reunirnos... Dicen que los buenos amigos siempre acaban reencontrándose, no? Yo lo creo...
Voy a contarte un secreto, estuvimos enamoradas del mismo chico, y eso casi se convirtió en una maldición entre nosotras... De lo más profundo del infierno surgió una llamarada de amor que nos embrujó a las dos. Nos peleábamos sin motivo, dejamos de hablarnos y en la discoteca, mientras la luz luchaba por hacerse un hueco entre la humareda de aquel tugurio, nosotras nos lanzábamos desafíos con la mirada, y en el fondo yo sólo quería su amistad...
Recordaba todo lo que habíamos vivido juntas y encontré escenarios de colores y sentimientos en blanco y negro. Mil cosas que había compartido con ella y no quería perder.
Un día quedamos para hablar de lo que nos estaba pasando. Yo ya había decidido olvidarme de aquel chico por el bien de nuestra amistad, aunque eso ella no lo sabía.
-Hay una línea entre ese chico y nosotras - me dijo. – Ninguna de las dos debería salir con él si queremos seguir siendo amigas. Si cruzas, puede que no volvamos a vernos. Al menos no como amigas.
Ella era mi salvación. Formaba parte de mí. Sabía que ella era esa amiga que te completa de verdad, con la que no hacen falta palabras, con la que una simple mirada lo decía todo. Y al otro lado de la línea estaba él. Su sonrisa, congelada, me incitaba a besarle. Pero no lo haría jamás. Ante todo estaba ella y lo sigue estando.
Sé que en su cabeza se lidiaba la misma batalla que en la mía, que su conciencia estaría haciendo de las suyas y tiempo después me confesó lo que su conciencia le gritaba:
-Por una vez, sé egoísta y piensa lo que quieres para el resto de tu vida – le decía ella mientras no dejaba de llorar y entonces tuve que preguntarlo.
-Y tú conciencia llora?
-La mía sí. La tuya no?
-mmm… Creo que no. Al menos yo nunca la he oído...
Sé que fue una conversación extraña, pero bueno, así somos nosotras... Una noche, después de salir, me sonó el teléfono a eso de las 7 de la mañana.
-Quién puede ser a estas horas?
-Jan?
-Anda, hola niña, me has echado de menos estas tres horas? Jajajaj
-No es que te haya echado de menos, es que te llevaste mi cartera. O eso o es que la he perdido... Puedes ver en tu bolso?
-Sí, ahora mismo lo hago cabeza de alcornoque. Por cierto, te acuerdas de la fiesta que montamos en San Benito?
-Sí, aquella tarde de julio era sorprendentemente calurosa, y terminamos la fiesta en la playa, todos vestidos y tirándonos al mar… jajajaj...
-Todo el mundo nos miraba, creo que fue de los días que mejor nos lo pasamos. Pero luego te perdí la pista... Dónde te metiste?
-De acuerdo, te diré la verdad, pero es que ya no puedo guardarlo por más tiempo...
Al otro lado de la línea casi podía escuchar su respiración. Sabía que le costaría decir aquello, y ella no sabía que yo ya conocía su secreto. El sisear del aire rompió el silencio, y entonces lo dijo. Se había liado con aquel chico, aquel que amenazaba con separarnos, pero no me importaba, porque ella era mi amiga. Me pidió disculpas mil veces y que la perdonase.
-No desesperes, yo estoy aquí, a tu lado. Ya sabía todo esto, pero me importa más nuestra a mistad que un chico... A ti no?
-Sí, a mí también y por eso no debería haberme liado con él.
-Te he dicho un montón de veces que para mí lo más importante eres tú, y a pesar de todo sigues sin creerme... Qué más tengo que hacer?
-Que equivocada estás niña. Te creo y sé que pase lo que pase siempre habrá una conexión muy importante entre nosotras y que no se romperá por mucho tiempo que pase...
-Sabes? Siempre soñé con convertirme en una buena persona y a tu lado lo estoy consiguiendo...
-Anda ya no seas tontina Jan...
-Que sí miniña... Por cierto, sí tengo tu cartera.
-Pues ya me la darás mañana, ahora vamos a dormir. Te quiero niña.
-Y yo a ti bicho.
Al colgarle el teléfono y recostarme en la cama, mi mente, una vez más huía de su pasado. De todas aquellas personas que decían ser “amigas” y en el fondo no lo eran... De todas aquella s personas que me habían echo daño sólo por ser diferente a ellas...
Recuerdas cuando mirábamos las estrellas? Me decía a mí misma... No era más que una ilusión. No había nada de cierto en todos los momentos que compartí con ellos porque al parecer jamás me aceptaron como era...
Hacía frío aquella mañana del 8 de noviembre, y la llamaba mañana por decir algo... Me había levantado a las 6 de la madrugada porque no podía dormir. Me había subido a la galería y enrollada en una manta me había sentado a mirar la oscuridad.
Habían anunciado un aumento de temperatura, era de noche, y sin embargo llovía, aunque no era de extrañar en pelno noviembre en Galicia.
Bajé a prepararme un tazón de leche caliente y en la cocina encontré su cadáver... Tras la repentina muerte de Ángela, mi pez de colores, la pecera se veía muy vacía. Habría que comprar algunos más, pero es que ni ellos mismos aguantaban el frío de aquella agua. Y eso que habían anunciado un aumento de temperatura...
Aura es una mujer de la que ya os he hablado, esa con la que me cruzo por las mañanas y a la que me gustaría parecerme. Me gustaría poder obtener de mi interior ese valor para luchar, pero cada uno es como es, no?
Ya en el trabajo, después de hacer el pedido, estaba aburrida y decidí dar una vuelta por google, haciendo búsquedas aleatorias para ver con qué me sorprendía. Puse en el recuadro de búsqueda las palabras: “niña”, “dulce” y “vida”.
Aparecieron un montón de entradas, pero una de ellas llamó poderosamente mi atención. Ponía marcado en negro la niña se perdía dulcemente en su vida, y al fijarme en la dirección sentí como un escalofrío en la espalda... cuentacuentos06.spaces.live.com...
Y aquello que sería? Así que pinché en el enlace y me dispuse a conocer otro mundo nuevo. Era como una especie de comunidad en la que se recogía una frase y a partir de ella se escribía un relato. La lista de participantes era muy extensa y mi curiosidad dio un paso más. Pinché sobre uno de los participantes que anunciaban su publicación y me trasladé por el ciberespacio hasta su hogar virtual.
Entré sin llamar y comencé a leer su relato... ‘Esta noche a las doce en punto saldrá de la parroquia de San Cosme la procesión del Cristo de la Reja. La Hermandad del Santísimo Cristo de la Reja invita a todos lo vecinos de...’ Me quedé absorta hasta el final del relato, sin poder para de leer hasta concluirlo...
Realmente me había impactado y quería participar en aquella iniciativa, así que volví a aquella página, dejé mi mensaje anunciando que quería unirme a los Cuentacuentos y recogí mi primera frase, que por aquel entonces era la nº 51. Y aquel mísmo día comencé mi relato con la frase de Dark_Angel ‘las cálidas alas de un ángel acariciaban mi rostro' y aquel fue el primero de muchos más que vinieron...
A partir de aquel momento, cualquier suceso a mí alrededor se convertía en una posible historia por contar... Estando un día de compras el centro comercial había quedado en penumbra y en vez de querer que volviese yo imaginaba mil historias allí.
Las palabras vuelan, lo escrito permanece eso me lo habían enseñado muy bien, por eso desde que entré a formar parte de los Cuentacuentos siempre llevaba una libreta y bolígrafos conmigo. Cierra los ojos por un momento me decía a mí misma... Deja la mente en blanco, deja fluir lo que hay en tu interior y podía escuchar el sonido de la naturaleza que me rodea en mi Galicia natal.
Este relato continúa en la entrada que sigue ahí abajo... Homenaje a CC, frase 100...Por iniciativa del CUENTACUENTOS
50.- Homenaje a CC, frase 100...
10/15/2007 Desde la ventana...Por iniciativa del CUENTACUENTOS
49.- Desde la ventana...
“Las palabras no significan nada, no son importantes, lo que marca son tus actos, y la coherencia de estos con tus palabras, pensaba mientras miraba a través de la ventana de su habitación.
En la calle hacía frío, y de vez en cuando unas gotas lastimeras de lluvia azotaban a los pocos viandantes que todavía recorrían las calles a aquellas horas de la noche.
Allí abajo, 4 pisos por debajo suyo veía una situación que no le era desconocida. Veía como aquel chulo llegaba a recoger el sueldo que “sus” putas le habían conseguido y cuando alguna de ellas no conseguía lo suficiente casi la mataba a palos. Luego dos días de descanso y después a recuperar lo perdido con clientes que pagan más, pero que poseían perversiones inconcebibles...
Más de una vez se había dicho que bajaría a ayudar a la siguiente prostituta que se encontrase en esa situación. Que cogería el arma que escondía bajo su almohada y encañonándole le obligaría a pedirle perdón.
Una vez al mando seguro que querría humillarle, como tantas otras veces había visto que hacía con aquellas pobres chicas, algunas de las cuales no excedería los 16 años.
Haría que se desnudase que y todas “sus” mujeres se vengasen una por una, como ellas tuviesen a buen parecer cobrarse la venganza. Seguro que le atormentaría haciéndole sentir el cañón del arma contra su nuca, bien fuerte, para que no se le olvidase quien mandaba.
En algunos momentos le pondría el arma dentro de la boca y haría el amago de disparar. Le haría pasar sufrimientos increíbles simplemente por el gusto de ver como aquel cabrón se cagaba de miedo al sentirse dominado por las mujeres que él creía de su posesión...
Si tenía que aprender por las malas que todos tenemos los mismos derechos, lo haría por las malas. La policía parecía no querer actuar en aquellas situaciones y más de una vez se había encontrado con su poca colaboración al llamar a la comisaría denunciando los hechos que presenciaba desde su piso día tras día...
No pensaba dejarlo otra vez en manos de la policía. No podía seguir consintiendo en silencio todo lo que veía desde aquella ventana, como si no le afectase.
Vio como le daba un empujón y la estampaba contra la pared. Dio un golpe en el cristal y se dijo en silencio que aquella era la última paliza que presenciaba. Se alejó de la ventana con su té en la mano, lo dejó sobre la mesa.
Cogió su pistola y se dirigió a la puerta, decidida a terminar con el sufrimiento de todas aquellas mujeres a las que aquel cabrón había pegado, pero al llegar a la puerta y agarrar el pomo no fue capaz de dar un paso más. Se quedó allí helada...
Se llamaba Ainhoa, tenía 29 años y llevaba sin salir de su casa 6 años. Padecía de agorafobia y se sentía incapaz de salir al exterior. Sabía que al día siguiente volvería a presenciar otra paliza, y que como tantos otros días no sería capaz de cumplir su palabra...
Dedicada a Scry por brindarme esa primera frase. He intentado mil cosas y esto ha sido lo que finalmente ha salido. Esperand que halla estado a la altura... Besos a todos!! 10/9/2007 En aquella habitación...Por iniciativa del CUENTACUENTOS
48.- En aquella habitación...
“-Premisas falsas, conclusiones estúpidas.
- Sí, eso dicen, pero no estoy yo tan seguro... Ya sabes que yo soy de pensar mucho antes de dar una conclusión, y no me gusta ver el lado malo de la gente.
-Piensa mal y acertarás.
-No siempre es así, no te creas... A veces la gente no sólo se rige por los deseos de ambición. Hay gente que es más feliz dando sin esperar nada a cambio.
-Dar y tejer, es buen saber.
-Estoy de acuerdo... Es más productivo para el alma dar que recibir... Hace que te sientas mucho mejor... Además se ve que eres buena persona.
-No es oro todo lo que reluce.
-Bueno, pero casi siempre suele ser lo que aparenta, no?
-Las apariencias engañan.
-También... Aunque a veces la gente con la que estás es realmente buena, aunque luego vayan diciendo por ahí mil cosas.
-Dime con quien andas y te diré quien eres.
-Por qué nos tienen que juzgar por la apariencia? Además casi siempre se salen con la suya.
-Quien juzga, tarde o temprano será juzgado.
-Que razón llevas a veces!! De vez en cuando la justicia divina hace lo que tiene que hacer. Es una suerte haberte conocido, sabes?
-Quien a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija.
-Muy cierto, pero eso lo dices por ti o por mí?
-A buen entendedor, pocas palabras bastan.
-No siempre amigo mío, no siempre. Muchas veces de palabra te dicen una cosa y finalmente es otra.
-Las palabras vuelan, lo escrito permanece.
-Sí, por eso es bueno saber a quien debes hacer caso y a quien no... Que te parece si nos acostamos ya? Mañana es día de visita y tendremos que madrugar para estar bien.
-A quien madruga dios le ayuda.
-Además así tendremos mucho más tiempo para todo.
-No por mucho madrugar amanece más temprano.
-También es cierto, entonces porque vamos a madrugar? Decidido, nos quedamos en la cama hasta la hora en que nos llamen!! Buenas noches!
-Buenas noches, buenos días, tú en tu cama y yo en la mía.
Al otro lado del pequeño ventanuco que había en la puerta dos personas le miraban con asombro y en pasmoso silencio.
-Todos los demás han respondido bien a la medicación menos él. En todos ha disminuido el nivel de psicosis, pero él se resiste...
-Entonces quién es el que está más loco aquí? Él o nosotros?
Dedicado a Luzdelunaclara, por ser su frase el comienzo de este relato... Sé que ha salido algo raro, pero al menos espero que esté a la altura de lo esperado. 10/1/2007 El cofre de los deseos...Por iniciativa del CUENTACUENTOS
47.- El cofre de los deseos...
“Las lágrimas silenciosas se escurrieron veloces por sus mejillas, pensando en él y en lo mucho que le amaba… Volvió a mirar el predictor... No había duda, rosa... El palito se había vuelto rosa...
Todo su mundo se vino abajo en aquel momento... Embarazada... Podía estar embarazada... Y que haría si era así? Aquel no era el mejor momento, ni su situación era la más adecuada...
Hacía tiempo que las cosas no iban bien con su pareja. Y hacía ya un tiempo que no se entendían como antes... Embarazada... No podía ser... El mes anterior le había venido regular como siempre desde que tomaba la píldora, y desde aquella vez no había vuelto a mantener relaciones con su chico...
Pensó en él, en aquel otro hombre que hacía sólo unas semanas le había devuelto la sonrisa. El que había conseguido que volviese a sentirse hermosa, el que le había mostrado que podía ser feliz...
Hacía sólo unas semanas que habían estado juntos, y aquel palito se había vuelto rosa... Embarazada... Una y otra vez por su cabeza corría el mismo pensamiento... No podía ser... Ahora no... De él no...
Y por qué no? Por su situación? A la porra con todo! Se querían, no? Entonces, que más importaba? Lo que pensasen los demás? Su familia? No deberían oponerse si se tratase de su felicidad, no?
Pero desterró estos pensamientos rápido. No podía ser... No podía estar esperando un hijo suyo... No quería... O sí? No! No podía ser y punto! Daba igual lo que quisiese!
Pidió cita en el medico. Tenía que esperar dos días aún... Y cada hora que pasaba con aquella duda era tortuosa... Cada vez que entraba en su cuarto y veía aquel cofre cerrado con su pequeño candado y recordaba lo que contenía sentía un nudo en el estómago... Serían nervios o sería una señal de que una nueva vida comenzaba a latir dentro de ella?
Mil pensamientos la atormentaban a todas horas. Y las noches no eran más que continuaciones del día, pero bañadas en oscuridad y sombras... Las pocas veces que conseguía dormirse se despertaba bañada en sudores, sin recordar lo que había soñado, pero con la sensación más horrible del mundo en su cuerpo...
Tener un hijo siempre había sido la ilusión de su vida, y ahora que cabía la posibilidad de estarlo esperando se sentía desdichada porque sabía que no podría disfrutarlo por completo y con total felicidad.
El padre de su bebé no estaría con ella en las visitas al médico, no enseñaría orgulloso las ecografías de su hijo, ni la acompañaría a las clases pre-parto...
Tendría que pasar todo esto sola... Sabía que lo mejor para todos sería que fuese un falso positivo. Lo sabía... Y aún así las lágrimas no la abandonaban al soñar que dentro de ella podría estar la semilla del amor...
Cuando entró en la consulta del médico estaba muy nerviosa. Sus palabras se atropellaban unas a otras y no la dejaban expresarse con naturalidad.
El médico entendió el caso y le mandó a hacerse unos análisis. Uno para saber si estaba embarazada o no, y el otro para que en caso de que lo estuviese, ver que todo lo demás estaba en orden y en tres días tendría los resultados.
Tres días más de sufrimiento, tres días más en los que darle vueltas a mil pensamientos. Tres días más para recordarle, para notar su cuerpo, para reconocer el aroma de su piel, de su ser... Un ser que podría estar ahora mismo mezclándose con el suyo, en su interior...
Llegó a casa y el cofre volvía a llamar su atención. Desde allí dentro el predictor parecía llamarla a gritos, pidiendo desesperadamente ser liberado, como si el secreto quisiese salir a la luz, y entonces mil preguntas más la abordaron...
Estaba claro que si estaba embarazada no era de su pareja y que en cuanto lo supiese la dejaría. Eso ya le daba igual, no le importaba, pero... Y a él? Al padre de la criatura? Cómo iba a decirle que se había quedado embarazada?
Tomaba precauciones, si... Pero a veces fallan! Esperaba que este no fuese el caso... Se sentía más sola que nunca... Incluso cuando hablaba con él su corazón luchaba por compartir con él aquel secreto, y su cabeza se negaba a dar las órdenes a sus labios... Quizá así fuese mejor para ambos...
Tras otra noche de oscuridades, silencios y lágrimas había tomado una decisión. No le diría nada. No le diría que aquel hijo que esperaba era suyo... No podría ocultarle que estaba embarazada, ni a él ni a nadie, sería una estupidez... Pero no le diría que era suyo...
Se llevaría aquel secreto con ella, en el dolor de su alma, bien escondido, para que nadie lo viese y pudiese hacerle daño con él... Su bebé sería hijo del silencio, de las sombras, de la noche, de la felicidad...
Sería sólo suyo, de nadie más... Lo querría más que a nada en el mundo, porque ese niño sería el motor de su vida, el motivo por el que sonreír cada día...
Únicamente había una cosa que podría cambiar aquello. Que el padre por libre voluntad y temiendo (o deseando) que fuese suyo, pidiese una prueba de paternidad. En ese caso ella sí diría la verdad.
No quería reclamarle nada. No era una aprovechada que había creado aquella farsa para pillarle, no... Todo lo contrario, por eso no diría nada a no ser que él mismo mostrase interés por saber quien era el padre de la criatura...
Durante el día era como un alma en pena. No tenía nada que hacer y salía a pasear melancólica por la ciudad... Era extraño, porque no quería verle, pero en cada rostro creía reconocerle... Como si su imagen la persiguiese para que no olvidase todo lo que siente...
Durante las noches se oscurecía aún más... Se sentía como si la negrura de la noche se mezclase con su propia piel, y muchas veces se descubría sonriendo entre lágrimas mientras se acariciaba el vientre...
Aquella noche aún podía dormir menos todavía... Estaba metida en la cama y notaba como si una presencia la observase desde lo alto de la estantería...
Sabía que allí estaba el cofre, y en un arrebato se levantó de golpe de la cama, cogió la llave, abrió el cofre y sacó el predictor de allí... Se volvió a acostar con él en la mano. Lo agarraba con fuerza...
En silencio pedía que todo saliese bien y sus ojos sólo podían centrarse en aquel rosa tan pálido, aquel rosa que le había quitado la sonrisa hacía 4 días ya...
Así se quedó dormida, agotada, vencida por el cansancio de aquellos cuatro días. Con el predictor en la mano, recordando que al día siguiente todo su mundo podía cambiar...
Cuando entró en la consulta sus piernas temblaban. Se sentó enfrente del doctor y esperó lo que le pareció una eternidad mientras él miraba los resultados en el informe... Luego él alzó la vista y le dijo.
-Con esa carita que traes no sé si darte la enhorabuena...
Ya está… Pensó que se moría allí mismo... Todo su mundo comenzó a girar a su alrededor, notaba que las lágrimas venían, pero quería ser fuerte… Tenía que ser fuerte...
-No estás embarazada... Ha sido una falsa alarma...
Salió de la consulta del médico sin saber que decir... Todo había vuelto a cambiar en unos segundos, así de rápido... Toda su vida volvía a la normalidad...
Llegó al un parque y se sentó en uno de los bancos más alejados y entonces rompió a llorar... No estaba embarazada... Sólo había sido una ilusión... Pero acaso quería estarlo? Acaso quería tener un hijo con él?
En aquel momento, en aquel parque, entre lágrimas, se dio cuenta de que le amaba... Hasta aquel momento no se había dado cuenta o no había querido verlo, pero le amaba...
Le amaba más que a nada y a nadie y fue consciente en el momento justo en el que admitió que deseaba haber estado embarazada...
Habría cambiado todo lo que tenía hasta el momento porque fuese positivo. Por tener un hijo suyo, aunque fuese en el silencio, aunque la mirasen mal... Nada le importaría ya...
Secó sus lágrimas con sus manos. Ahora tenía que seguir adelante con su vida. Como si aquello no hubiese sido más que un sueño, una ilusión, la más hermosa del mundo...
Quizá aquella hubiese sido la única forma de tener un hijo con un hombre al que realmente amaba con toda su alma... Al único que amaría, de eso estaba segura…
Él jamás sabría por lo que ella había pasado. Jamás sabría que durante cinco días ella había rezado para no estar embarazada. Que durante cinco días había rogado por estarlo...
Jamás sabría que durante cinco días fue el padre de su hijo. Un niño que no llegó a gestarse en su vientre...”
![]() Dedicado a Miss Lawliet por prestarme su frase, aunque me haya llevado por este lado. Espero que te haya gustado la historia... Muchos besos guapísima!! 9/24/2007 Podía ser... Por iniciativa del CUENTACUENTOS
46.- Podría ser...
“Incluso el que menos te lo esperas podría ser esa persona que llegase a sorprenderte, te lo digo yo...
Mira por ejemplo a esa ancianita, sí, esa que le está echando pan a las palomas. Parece ser una mujer indefensa. Sus ropas oscuras, su bastón y esa expresión tan dulce pueden engañar a cualquiera y en el fondo esa mujer podría ser el cerebro de una facción islámica afincada en España, esperando para atacar a Estados Unidos mientras preparan su ofensiva. Podría ser...
Y ese hombre? Ese tan fortachón que lleva la camisa abierta... Sí, ese que tiene el pecho lobo y que aparenta ser tan fornido y viril... Quizá por las noches le guste vestirse de mujer. Con lencería fina y salir a los bares en busca de otro hombre con el que satisfacer sus oscuros deseos. Podría ser...
Mirad esa mujer embarazada, la que se dirige al ayuntamiento. Pocas personas pueden provocar más ternura que una mujer embarazada, pero y si no estuviese embarazada? Y si lo que llevase bajo ese vestido de premamá fuese una mochila cargada de explosivos y su intención fuese explotarse en el ayuntamiento si no le devuelven la casa que le han expropiado? Podría ser...
Y ese niño autista que está en el parque? Ese que está ahí solito, sentado en una esquina dándose pequeños cabezazos contra la estructura de madera del tobogán. Quizá ese niño sea el más inteligente del mundo y no sea autista, sino que no sea capaz de comprender la ignorancia del hombre y todo el mal que estamos causando a nuestro alrededor. Podría ser...
Un ordenador cualquiera, esas máquinas de las que ahora tanto dependemos para casi todo. Controlan los vuelos espaciales, los lanzamientos de misiles, las comunicaciones... Y si no fuésemos nosotros quienes los dominásemos a ellos? Y si tuviesen un plan oculto para terminar dominándonos? Podría ser...
Y yo... Una Cuentacuentos más, como cualquier otro... O no? Quien os asegura que yo no escondo una identidad oculta... Una identidad a la vista de todo el mundo, pero aún así que siga siendo la identidad mejor guardada tras 4 letras? Podría ser...
Podría ser...”
Dedicado para Hell, por ser su frase y porque ya tengo ganas de verle otra vez y tenerle entre mis brazos... Que te echo de menos payasete!! 9/17/2007 Y ahora qué?Por iniciativa del CUENTACUENTOS
Imprescindible haberse leído antes la historia en dos mitades titulada
"Qué está pasando?"
Y ahora qué?
“-Quiero que mi vida sea de esas que se inmortalizan en un libro… - pensaba Níobe mientras entraba por la puerta de su casa. – Que mi vida, mi historia real se publicase en un libro. Sí, eso estaría muy bien...
Se dirigió a la habitación del fondo del pasillo, donde tenían a Aarón inmovilizado. Entró y tiró la chaqueta sobre la cama mientras se dirigía al cuarto de baño, y entonces lo escuchó...
Nada... Ni un ruido, ni un insulto, ni siquiera un comentario soez y malintencionado a los que ya se había acostumbrado con el paso de los meses. Aarón había tratado día tras día de sacarla de quicio, de molestarla, tanto a ella como a Mj y Beleita durante este largo año.
Salió del cuarto de baño para ver cual era el motivo de su silencio esta mañana y lo que vieron sus ojos la aterrorizaron... Aarón no estaba allí! Las esposas seguían en su lugar, ahora llenas de sangre, colgando de la cabecera de la cama. Y aquello no era lo peor, la visión de las esposas no fue lo que hizo que su sangre se helase en sus venas...
La cama estaba desecha, únicamente tenía la sabana de abajo y sobre ella, escrito con sangre estaba aquel mensaje que la hizo estremecerse una y otra vez...
Cuando fue totalmente consciente de lo que estaba pasando corrió a coger su pistola de su bolso. No sabía si todavía estaba en la casa y si tenía que matarle lo haría, no lo dudaría ni un solo instante...
Recorrió toda la casa con el arma en alto lista para usarla si fuese necesario. No se iba a dejar matar por él. Por protegerse sería capaz hasta de acabar con su vida de un disparo, pero en aquella casa no había nadie, estaba sola...
Trató de tranquilizarse, Mj y Beleita llegarían en cualquier momento y entre las tres solucionarían el problema. Pero y si Aarón había ido a denunciarlas? No sería mejor que escapasen de allí cuanto antes?
Estaba perdida entre sus pensamientos cuando la puerta del piso se abrió. Se escondió un poco más en el sillón y casi ni respiraba, para no delatar su presencia a quien quiera que fuese el que acababa de entrar.
Le quitó el seguro a su arma y sacando fuerzas de flaqueza pegó un salto y se puso de frente al intruso con el arma dispuesta para disparar...
-Tía, pero qué coño haces? – dijo Mj pegando un respingo. -Lo siento – le respondió Níobe bajando el arma. – Aarón ha escapado y pensé que podía ser él o la policía... -Que ha escapado? Pero, cómo? -No lo sé... Llegué de mi entrevista con el editor y ya no estaba, pero eso no es lo mejor... Vete a la habitación y mira lo que nos ha dejado como regalo de despedida – y tras decir esto se desmoronó en el sofá. -Voy a ver...
Mj estaba llegando a la habitación cuando escuchó la puerta y la voz de Beleita anunciando que había llegado, y luego un murmullo que a cada paso que daba se hacía menos audible y entró en la habitación.
Beleita se acercó a Níobe al verla así en el sofá... Se la veía como sin fuerzas para nada y en sus ojos había un mar de agonía y miedo que la asustó a ella también...
-Níobe cielo, que pasa? -Aarón... -Aarón, qué? Te ha hecho algo ese cerdo? Le mato... – y en ese momento se escuchó el grito que dio Mj y que hizo que Beleita se levantase y se precipitase por el pasillo – Mj, qué pasa? -Aarón... -Joder, Aarón qué? Qué coño pasa hoy en el princi…
Y al entrar en la habitación y ver la escena que se presentaba antes sus ojos, la última palabra se quedó atascada en su garganta. La visión de la sábana ensangrentada con aquel macabro mensaje casi no la dejaba respirar...
Salio de la habitación y se dirigió a donde estaba Níobe y entendiendo ya aquel estado de completo desconcierto la abrazó sin decir nada... Al rato apareció Mj en el salón y se abrazó a ellas también.
-Y ahora que haremos? – preguntó Níobe sin levantar la cabeza. -No sabemos cuanto hace que ha escapado, pero si la policía no ha venido es buena señal, no? – dijo Mj. -No estoy yo tan segura – respondió Beleita. – Yo casi prefería que viniese la policía a que Aarón se tome la justicia por su cuenta. Es un chico muy inteligente y le hemos cabreado... -Ya le he cogido una vez – dijo Níobe. – Podré cogerlo una vez más... -Pero antes no sabía que ibas detrás de él – suspiró Beleita mientras apoyaba su cabeza en la de Níobe. – Ahora lo sabe casi todo sobre nosotras y es muy peligroso... -Y qué podemos hacer? – preguntó Mj. -De momento separarnos... – apuntó Níobe. – Juntas somos un blanco más fácil... Quiere venganza y no debemos ponérselo fácil... -Qué sugieres? – preguntaron al unísono Mj y Beleita. -Que las tres le busquemos por separado, siguiendo diferentes vías de investigación, y cuando una de nosotras dé con él, trazaremos un plan para volver a pillarle. Estáis de acuerdo chicas? -Sí!! -Pues en marcha!
Cada una se fue a su cuarto a preparar las maletas y en menos de una hora estaban listas para irse... Cada una tomó un camino, una dirección y se prometieron andar con cuidado y llamarse todos los días.
Níobe volvió a Galicia, a su tierra de meigas, sabía que allí la encontraría fácil, pero no tenía miedo. Si la encontraba a ella primero, Mj y Beleita sabrían donde esta él, y quizá pudiesen cogerle... Eso era lo único que les importaba, y ellas habían echo lo mismo. Habían vuelto a sus casas.
Entró en su casa y agudizó el oído, por si detectaba algún sonido sospechoso, pero no fue así. Inspeccionó toda la casa a conciencia antes de dejarse caer tranquila sobre el sofá. Durante un buen rato estuvo sin hacer nada, simplemente quedarse quieta, pensando cual podría ser su siguiente paso.
Era martes, así que decidió sacar su portátil y conectarse a Internet. Seguramente, por la hora que era, el Señor de las Historias ya habría publicado la frase de la semana. Nunca había faltado a una cita en Cuentacuentos, y no iba a empezar ahora.
Y como se había imaginado allí estaba la frase... Su corazón se aceleró, sus pupilas se dilataron y no fue capaz de articular más que un pequeño susurro al leer la frase: “Echó un ultimo vistazo a la estación antes de comenzar a andar”. Era su frase, aquella semana tocaba su frase! Y una frase muy familiar, porque hacía poco más de una hora que había abandonado la estación de Vigo...
Escribió un mensaje plasmando toda la emoción del momento. Quería compartirlo con todo el mundo, pero antes de darle a publicar sonó el teléfono. Dio un respingo en la silla y se apresuró a contestar.
-Sí? -Hola, soy yo... -Mj, que tal el viaje, has llegado bien? -Sí... Espera que tengo a Beleita en la otra línea y os junto a las dos. – Se escuchó un pitido. – Bele, me escuchas? -Sí, estoy aquí... A ver, que es eso que nos querías decir? -He llegado a casa y he encontrado un sobre en el buzón del correo... Contiene una foto de las tres... Aquella foto que teníamos en el salón de casa... -Bueno, y? – dijo Níobe. -Pues que no tiene remitente y va sin sello... -Crees que podría ser de...? – preguntó Beleita. -Puede... Y si está sin sello quiere decir que lo tuvo que entregar en mano y ha escapado justamente esta mañana, lo que supondría que... – la voz de Mj se entrecortó. -Supondría que está ahí... – terminó Níobe. – Ten mucho cuidado niña, y a la más mínima sospecha escapa...
Colgaron el teléfono y Níobe le dio a publicar el mensaje que había escrito. Le apareció un pequeña ventanita diciéndole que tenía un mensaje privado nuevo. Fue a verlo. Su cuerpo se tensó por completo. Era un mensaje de Aarón.
‘Voy un paso por delante de vosotras... Sé donde estáis, y puedo ir a por cualquiera en cuanto quiera... Os he estado observando todos estos meses. Sé como actuáis, y que paso daréis antes de que lo hagáis, pero y tú? Tú sabes cual será mi siguiente paso?’
Las náuseas se apoderaron de su cuerpo, pero logró contenerse. Tenía que mantenerse fría y serena para pensar con claridad. Lo que él quería era desarmarla, conseguir que no pudiese pensar con claridad.
Estaba en Cáceres. Sería fácil localizarle? Y si lo que él quería es que pensase que estaba en Cáceres? Todo era posible, no iba a desechar ninguna opción hasta que estuviese del todo segura.
Le propuso a Beleita dos vías de investigación distintas pero parejas. Beleita trataría de localizar el lugar donde podría estar alojado, mientras Níobe investigaría la dirección IP de la terminal desde la cual le había enviado el mensaje...
El resto del día lo tuvieron muy ocupado. Beleita llamando a hoteles, hostales y albergues. Sabía que era muy listo, pero podría habérsele pasado algo por alto. Lo intentó con Aarón, Principito, Elvis, Freddy... Ninguno dio resultado. Cuál sería el pseudónimo que estaría utilizando?
Níobe por su lado había ido a un experto en informática, pero no había sacado nada en claro... La dirección IP estaba desviada a lo largo de cientos de ordenadores y finalmente se perdía la pista... No había nada que hacer.
Níobe se acostó a la una de la madrugada. El sueño tardó en acurrucarse con ella en aquella cama, pero al fin llegó...
De repente un ruido la despertó. Miró el reloj, las 6 de la mañana, había dormido más de lo que creía... Y otra vez aquel ruido la sacó de sus pensamientos. Se vistió la bata y sacó de debajo de la almohada su pistola.
Caminó por el pasillo, con pasos cortos y silenciosos, otra vez aquel ruido, y al fondo del pasillo una luz tenue, que no sabía muy bien de donde provenía... Continuó avanzando hasta acercarse a la esquina, tomó aire y dio el último paso...
Sus ojos pasaron por toda la estancia hasta posarse sobre su ordenador. Creía haberlo apagado, casi podría jurarlo, pero allí estaba encendido. Iluminando con su suave luz toda la habitación, y entonces escuchó de nuevo aquel ruido y al fin supo de donde provenía. La luz anaranjada de una conversación de MSN la llamaba...
Se acercó al ordenador y abrió la conversación y pasó sus ojos por todas aquellas palabras para constatar lo que temía. Aarón se estaba poniendo en comunicación con ella.
-Tengo algo que te interesa... Ven y te lo mostraré... Te espero... -Qué quieres? – dijo Níobe. – Qué es eso que tienes? -Mira – dijo al tiempo que le enviaba una invitación para ver su cam.
Esperó en silencio los largos segundos hasta que por fin se realizó la conexión y le vio. Tenía una sonrisa en los labios, una sonrisa que hizo que se le erizase toda la piel en un instante.
-Ya te veo, que es eso que según tú me interesa? -Tanta prisa tienes? No quieres disfrutar un rato de mi compañía? -No gracias, ya la he tenido durante casi un año y ya me he aburrido de ti... -Te arrepentirás de todo lo que has hecho y empezarás hoy...
Se apartó de delante de la cámara y los ojos de Níobe se perdieron en la imagen que tenía ante ella. Al principio no encontraba una forma lógica a lo que estaba viendo, pero hasta que hubo movimiento no logró comprender.
Sus ojos curiosos se toparon con la mirada atemorizada de Mj. Estaba atada en una especie de potro y sobre sus ropas se podían ver manchas de sangre. Se movía frenéticamente, seguramente estaba sufriendo el mayor de los tormentos y ella no podía hacer nada por ayudarla.
Pudo ver una sombra y al instante Aarón volvió a aparecer en la imagen, junto a Mj que había empezado a moverse con más fuerza que antes. Se acercó un segundo al ordenador y le envió una invitación para poder escucharle.
Estuvo unos segundos mirando aquella invitación. Temía lo que pudiese oír si la aceptaba, pero temía hacerle enfadar si no lo hacía, así que la aceptó sin estar preparada para lo que iba a escuchar...
Mj gritaba, pedía clemencia a gritos con la voz desgarrada, y Níobe al otro lado del ordenador comenzó a llorar al ver a su amiga en aquella situación y maldijo a Aarón una y mil veces.
-Eres un cabrón! Déjala marchar, es a mí a quien quieres. -Es a ti a quien quiero, pero antes tienes que sufrir lo que sufrí yo, ver muertos a tus amigos...
Pudo ver como algo brilló en su mano y entre los gritos de Mj fue testigo de cómo él la degollaba lentamente.
-Te mataré Aarón. Te mataré... – y rompió a sollozar. -Qué dices? Con todos estos gritos no puedo escucharte – y en ese momento alzó el cuchillo y lo clavó varias veces con furia en el abdomen de su presa. -Noo! Joder, no!
Vio como su amiga exhalaba su último aliento y al rato él cortó la conexión y desapareció. Níobe corrió a llamar a Beleita.
-Nena, Mj está muerta. -Qué? Qué ha pasado? -Aarón la ha matado... Y he sido testigo. -Que has sido testigo? Espera, que me han mandado un mail... – se hizo un silencio. – Es un mail suyo, con un video adjunto... -No lo veas! Beleita no lo veas!
Silencio, nada más que silencio al otro lado del teléfono. Un silencio que de repente se vio truncado por un grito y un llanto incontrolado...
-Beleita! -Porque me ha enviado esto? -Sólo quiere venganza... -Hay algo más – dijo entrecortadamente. – Me ha escrito algo... -Que te dice? -Tú serás la siguiente... – y otra vez se hizo el silencio entre ambas. – Tú serás la siguiente... -Haz las maletas y vete, vete ahora mismo, a donde sea! No le digas a nadie a donde te vas. Sólo vete, escapa... -Y tú? -Yo haré lo mismo. En una semana no podremos estar en contacto. Llévate el móvil que compramos para emergencias y cuando sea seguro me pondré en contacto contigo. -Muy bien... Neni! -Dime... -Ten cuidado...
Y la comunicación se cortó. Durante unos segundos se quedó sentada delante del ordenador, pero al rato se levantó a toda prisa y en menos de 48 horas estaba haciendo otra vez las maletas para salir corriendo a ningún lugar...
Aarón salió de la habitación de aquel edificio dejando tras de sí un fuego que tardarían horas en apagar y que destruiría todas las pruebas que se negaba a recoger. Quería venganza y no tenía tiempo para planear nada más... Ahora pensaba en el siguiente paso. Qué hacer ahora? Tenía que trazar un buen plan y le llevaría un par de días...
París. Más de dos millones de habitantes entre los que confundirse. Dos millones de habitantes que la hacían pasar inadvertida, pero también dos millones que podían ocultar el peligro en cualquier lugar, donde menos se lo esperase...
Había pasado casi una semana, cinco largos días en los que no había podido pegar ojo. Cada vez que se dormía a su cabeza volvían las imágenes de los últimos minutos de vida de su amiga y la amenaza hacía Beleita se tornaba más peligrosa.
Segunda parte en la entrada que sigue ahí abajo... |
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