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Alejandra

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Soy extrovertida, alegre y me encanta leer y escribir.

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gracias por haber respondido mi comentario,me gustaria tener tu mail,yo soy de argentina,y aunque te parezca raro hay algo de meiga que llevo dentro,no si de otra vida ,pero este 6to sentido nacio conmigo y se que morira tbn conmigo,me gustaria contarte cosas y preguntarte otras ya que tenes la suerte de vivir en la tierra de las meigas,seguro viste mi humilde space te invito a que paseswww.flodeo.com/meiga.
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Niobiña

Sé realista, pide lo imposible!!!
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1/16/2008

¿A dónde fueron?

Por iniciativa del CUENTACUENTOS 
 
62. – ¿A dónde fueron?
 
    “- Pasaron varios días hasta que alguien cayó en la cuenta de que los sueños habían desaparecido. Fue entonces cuando todo comenzó a revolucionarse. Sin sueños nada funciona como debería. La gente va por la calle sin mirarse. Tropezando unos con otros y sin darse una disculpa – Nienna puso un video en el que se mostraba el comportamiento que acababa de explicar.
    -Sin sueños no tienen una razón clara por la que levantarse, algo por lo que luchar, por lo que seguir adelante. Y sin esos motivos, un malestar comenzó a crecer en ellos, poco a poco, transformando a las personas en seres desagradables, fríos e irascibles – Elanor hizo aparecer en el proyector la foto de un hombre  antes de la perdida de sueños y otra de después, para hacer más visible el cambio.
    -El mal humor comenzó a generalizarse. Al principio sólo era en las grandes ciudades y urbes. Luego, poco a poco se fue desplazando hacia el extrarradio, aunque allí pareció que se calmaba y dejaba de expandirse, pero no fue así – ahora Nienna desplegó un mapa y les mostró a los demás la superficie afectada hasta el momento.
    -Aquella situación se contagiaba cada vez más rápido y se hizo más fuerte por momentos. Cuando todo esto empezó sólo los adultos mostraban los síntomas de esta extraña situación. Pero ahora, la franja de edad va en disminución. Cada vez niños más pequeños dan muestra de malestar, de desilusión, y eso no se puede permitir – Elanor pasó a la siguiente foto y quedó a la vista de todos la foto de un niño sonriente.
    -Los adultos han perdido los sueños, pero los niños no pueden dejar de tenerlos, no pueden perder los suyos. Los niños son el futuro y si los niños pierden la ilusión todo acabará, todo desaparecerá. Incluso nosotros... – añadió Nienna bajando los ojos.
    -Muy bien Nienna, ¿y qué pretendes? – preguntó la reina Uruviël.
    -Mi señora, todavía no tengo un plan decidido, pero la idea está en no dejar que los niños más pequeños pierdan sus sueños.
    -¿Y cómo sabes que los niños aún sueñan? – preguntó inquisitiva la reina.
    -Pues verá majestad. Elanor ha fabricado un cazador de sueños. Cada vez que detecta un sueño se ilumina de color blanco y si detecta una pesadilla se ilumina de color rojo y la absorbe.
    -Eso está muy bien, pero no responde a mi pregunta.
    -Pues tengo que decir, muy a mi pesar, que estas últimas noches hemos estado haciendo incursiones entre ellos – respondió Elanor. - Y hemos detectado un alto índice de pesadillas entre los adultos, pero en la gran mayoría de los niños sólo encontramos sueños blancos. Aunque también tengo que decir, que la franja de edad ha vuelto a bajar... Ahora sólo los niños menores de 7 años tienen sueños.
    -Así que si no actuamos pronto...
    -Desapareceremos majestad.
 
    Se hizo un silencio sepulcral en la sala. Todo el mundo las miraba allí en el centro de la estancia, ante el trono de la reina, con un extraño aparato entre manos, que parecía una red tejida por una araña. Nadie se atrevía a decir nada. Todos observaban en pasmoso silencio a la reina y a las dos jóvenes que le habían pedido audiencia urgente.
 
    Elanor era quizá uno de los cerebros más privilegiados con los que contaban, y confiaban en ella más que en sí mismos, así que si ella estaba convencida de que aquel artilugio funcionaba, tenía que funcionar... Y la admiraban por haber tenido el valor de desobedecer las leyes.
 
    Y a su lado Nienna. Nadie concebía como había tenido el valor de hablar con la reina y aún por encima decirle que había salido sin su permiso. Era por todos sabido que la reina tenía gran estima a su familia, pero siempre había creído que era una joven inconformista a la que no le gustaba acatar las reglas.
 
    -Nienna, esta vez has incumplido la norma más importante de todas. Salir sin permiso, y sabes que eso merece un castigo ejemplar – dijo Uruviël. – Pero es cierto que lo has hecho por el bien de todos nosotros, y eso merece mi respeto y admiración.
 
    Todo el mundo miraba a la reina, casi sin respirar, no querían perderse ni una sola de sus palabras, porque sabían que estaba a punto de decir algo importante para todos ellos.
 
    -Tú, Elanor, Nindë, Tathar, Elwë y mi hijo, Turgon, seréis los encargados de esta misión. Debéis devolver los sueños a los niños, y evitar el avance de esa sombra negra que se cierne sobre nosotros...
    -Mi señora. ¿Cree conveniente que su hijo nos acompañe? Es el futuro rey y podría salir lastimado de esta contienda – dijo Tathar, jefe de la guardia real.
    -Mi leal Tathar... Si este plan no funciona, todos desapareceremos. Así que no habría motivos para proteger al príncipe. Y si salís victoriosos de esto, eso espero, Turgon habrá ayudado a ello, y un rey debe poner su vida, por la de los suyos. Partiréis mañana, así que podéis ir a descansar, será lo mejor.
 
    Se retiró todo el mundo y la gran sala de recepción quedó casi vacía. En el centro Elanor y Nienna observaban en silencio como el cazador de sueños permanecía oscuro, sin brillo, sintiendo que el tiempo se estaba agotando.
 
    -¿Por qué no les has dicho que nosotros también hemos perdido los sueños? – preguntó Elanor.
    -Porque si no tenemos el sueño, la ilusión, la esperanza de que todo va a salir bien, esta ya es una misión perdida... – respondió mirando tristemente a los ojos de su compañera.”
 
¿CONTINUARÁ?
 
Pues esta semana casi no escribo, pero anoche me vino la inspiración entre sueños... Brian niño, que este relato es para tí... Y que sepas que tú eres Elwë... jijijii...
 
Espero que os haya gustado!! Besos a todos!!
1/8/2008

Conversaciones...

Por iniciativa del CUENTACUENTOS 
 
61. – Conversaciones…
 
    “-Los muertos no necesitan aspirina...
    -¡Vaya por dios! Y eso lo has descubierto tú solita ¿o has necesitado ayuda?
    -¡No seas tonto! ¿Acaso no ves que estoy tratando de escribir un relato?
    -¿Empezando por esa frase?
    -Pues si, con esta frase. Es difícil y será un gran reto a batir, pero conseguiré escribir algo.
    -¿Y no puedes empezar con otra cosa? Es que esta no incita a mucho, la verdad.
    -Y por eso mismo no quiero comenzar de otro modo... Acaso ¿qué mérito tiene escribir algo comenzando como yo quiero? Para hacer eso, no estaría aquí ahora mismo. El reto consiste en ser constante y venir semana tras semana en busca de una frase.
    -¿En busca de una frase?
    -¡Claro! A ver, déjame que te lo explique... Todas las semanas vengo aquí en busca de la frase nueva, y tengo que escribir algo con ella.
    -¡Ah!
    -No asientas como si me entendieses. Que no soy tonta y me doy cuenta de que sólo lo haces para callarme... O para que no note lo ignorante que eres.
    -Perdona bonita, pero yo simplemente soy todo lo ignorante que tú quieres...
    -¿Qué? No te entiendo...
    -Ssssshhhhh...Viene alguien por las escaleras... Debe de ser tu madre.
 
    En ese momento se abrió la puerta despacio, haciendo chirriar las bisagras de aquella vieja puerta de pino. Alejandra miró a su madre y le dedicó una dulce sonrisa que fue correspondida.
 
    -¿Qué haces?
    -Escribir un cuento. Hoy está siendo más difícil que otras veces...
    -Bueno, no te agobies, ya saldrá algo. Confía en ti. ¿Te traigo algo de merendar?
    -Sí, gracias. Me apetece un bocadillo enorme de jamón.
    -Muy bien – dijo su madre entre risas. – Y el señor Osito ¿quiere algo?
    -¿El señor Osito? ¿De qué hablas mamá?
    -Upsss, perdona hija. De nada, de nada...
 
    Alejandra vio como su madre desaparecía detrás de la puerta de su habitación, otra vez con el atronador sonido de las bisagras. Y se quedó callada un par de minutos, mirando hacia ningún lugar, y entonces pareció volver en si.
 
    -¿Qué habrá querido decir?
    -Pues lo que ha dicho. Que si yo quería algo.
    -¡Pero te ha llamado señor Osito!
    -Es que soy un oso de peluche...
    -¿Qué?
    -¿Acaso no ves mi mullida barriguita de felpa?
    -Pero...
    -Y por lo que veo, tampoco recuerdas el día que tu madre me trajo, ¿verdad?
    -Yo... Es que...
    -Tranquila, no pasa nada.
    -Llegué cuando cumpliste seis años. Yo y unos libros fuimos tus regalos estrella. Recuerdo muy bien que me cogiste en tus brazos, y que te fuiste a un sofá conmigo y con un libro, y nos pusimos a leer juntos. Por aquel entonces yo sólo era un osito de peluche, pero en aquel momento tú me diste vida...
    -¿Qué? No puede ser...
    -Pues sí... Cuando a los niños pequeños os regalan libros, me dais vida. Y ese primer contacto hará que en un futuro me encontréis.
    -¿Qué te encontremos?
    -Sí, porque establecemos un vínculo irrompible. Aunque por la seguridad de todos, me vea obligado a borrar mi recuerdo de vuestras mentes al cumplir los 10 años.
    -¡Eso será mañana! ¿Por qué tengo que olvidarte?
    -Porque es necesario para nuestra supervivencia. No pueden encontrarnos o nos quitarían el poder de la imaginación.
    -¿Pero cómo voy a encontrarte?
    -Habrá más como tú, que me buscarán y sin saber muy bien como, llegaréis hasta mí. No te preocupes por eso...
    -Y dime, ¿cuál es tu nombre?
    -Ya lo sabes... Todos me habéis puesto el mismo nombre a lo largo de los años. Busca dentro de ti y lo encontrarás...
 
    Entonces desperté en mi cama, entre sudores y encendí la luz. Dios, menudo sueño había tenido. Me senté en la cama, encogí las piernas y puse mis brazos alrededor de ellas. Apoyé la barbilla en las rodillas. A los pies de la cama vi aquel pequeño osito, que me miraba expectante con sus ojitos de plástico, y dejé escapar un suspiro.
 
    -Señor de las Historias...
 
    Me tumbé de nuevo, me tapé hasta la cabeza y apagué la luz al mismo tiempo que en la cara de mi viejo peluche, se esbozaba una sonrisa...”
 
La frase es de los Duendes y a ellos se lo dedico... Aunque también me gustaría dedicárselo especialmente a ese osito de peluche que todos hemos tenido de pequeños. Ese que nos ha ha acompañado en mil momentos de nuestras vidas y al que tuvimos que olvidar para llegar hasta aquí...
 
Y también se lo dedico al Señor de las Historias, ese ser que nos ha unido a todos, y que alguna vez fue el espítiru de nuestro peluche más querido...
 
Gracias...
1/3/2008

Aquí estoy...

Por iniciativa del CUENTACUENTOS 
 
60. – Aquí estoy...
 
    “Esta iba a ser una navidad diferente. Y tanto que iba a ser diferente, ni yo sabía cuanto... Estar con la familia y la gente que quieres, y ahora aquí estoy, tratando de escribir la historia de esta semana, pero nada, que no hay forma... Que la inspiración ha decidido que en el comienzo de año pasa mucho de venir a verme.
 
    Y bueno... Me encuentro tratando de escribir algo decente, pero no sale nada de nada. Y me pregunto ¿por qué la inspiración sólo aparece en los momentos que crees que ya no puedes más? Y algo mejor ¿qué es la inspiración?
 
    Supongo que para cada persona será una cosa, persona, momento diferente. Para mí la inspiración siempre llega sin avisar y en el momento más inesperado, por eso siempre llevo conmigo una libreta y un bolígrafo. Porque las ideas vienen sin avisar, como un flash y hay que pillarlas al vuelo, o no se sabe cuando volverá.
 
    Y eso me ha pasado esta semana. No sabía que escribir, ya veis que publico en jueves, y de repente una vocecilla me dice ‘¡a escribir!’ y yo que le contesto que no sé sobre que escribir, y la misma vocecilla me responde ‘pues escribe sobre eso’.
 
    Y aquí estoy, escribiendo sobre que no sé que escribir, y bueno, para salir del paso no está mal. Además me planteó una duda. ¿Y los demás donde encontráis vuestra inspiración?
 
    Hay quien la encuentra como yo, a través de una vocecita, o puede que ver un lugar inspire una historia de terror, amor o desesperación. También pueden inspirar un relato, un animal, una persona o hasta una pieza de comida. ¡Sí, una comida! O algo de comer. ¿No me creéis?  ¿Y entonces ‘lo mejor que le puede pasar a un croissant’ que es?
 
    Hay mil sitios en los que las historias y cuentos se esconden. Detrás de un árbol, debajo de una seta, en la casita de los pitufos o en alguna cueva de los Fraggle... Pero lo que de verdad nos tiene que importar es escribir, porque es lo que nos gusta. Y teniendo eso, la inspiración sabremos como encontrarla...
 
    Ya veis, esta semana yo he escrito sin escribir... jejejeje
 
Pues ya veis... Esta semana escribo tarde y aún por encima, escribo que no escribo... jejejje... Dedicado a Juan, por ser su frase, y pido perdón por no haber sabido hallar mi inspiraciónesta vez...
 
Besos para todos aquellos que los quieran recoger...
12/24/2007

Declaración de intenciones...

Por iniciativa del CUENTACUENTOS 
 
59. – Declaración de intenciones...
 
    “No me gustan nada las cosas nuevas... Y mucho menos si lo que traen consigo son cambios para peor. Señores Zapatero y Rajoy, me llamo Alejandra, tengo 24 años y me gustaría contarles un par de cosillas, que espero tengan en cuenta... Y son las siguientes.
 
    Si yo fuese presidenta del estado español tendría que cambiar un par de cosas que ustedes no están haciendo bien. Yo quiero que España sea un lugar en el que se pueda vivir bien y con tranquilidad, cosa que el ‘bigotitos’ (antes conocido como Aznar) se pasaba por el forro de los co…… Pues bien, que habría que dar un cambio a toda la política y a un par de situaciones.
 
    En primer lugar emitiría una ley de expulsión sobre los ex-novios celosos, raritos, cansinos y pesados. Extensible a las ex-novias de la misma condición. Se les enviará a una isla en cerca de Santa Helena, en el Océano Atlántico, a 2.800 kilómetros de la costa de Angola.
 
    Está claro que los políticos corruptos y mentirosos no tendrían cabida en el nuevo régimen de España, así que también serían exiliados junto a las ex-parejas a la isla de Santa Helena, como parte de castigo.
 
    A todo aquel que tenga ganas de peleas, broncas o guerras se le pagará un billete de avión (sólo de ida) a Estados Unidos y que le maree la cabeza al señor Bush, a nosotros que nos deje en paz y que se la rasque contra un pino, o en su defecto contra un cactus.
 
    La página  El Cuentacuentos se convertirá en una institución del estado, subvencionada por el mismo, y en los colegios e institutos se impartirán clases de narración y redacción de todo tipo de género.
 
    También se impartirían clases de educación sexual desde el momento adecuado, y se repartirían preservativos de colores y consoladores a todo aquel que quiera, porque todo el mundo debería tener uno.
 
    Posiblemente el sexo sería instaurado como deporte nacional, y deberían practicarse al menos una vez al día todas aquellas personas en pareja, dejando ya en sus manos más prácticas diarias. La gente estaría más saludable, más feliz, sería menos conflictiva y todos gozarían de perfecta salud (además de otras cosas...)
 
    Los gays y lesbianas tendrán derecho a matrimonio, pensiones por viudedad y adopciones legales. Tendrán los mismos derechos que cualquier otra pareja, porque son personas exactamente iguales a nosotros.
 
   No habría religión obligatoria, y la gran mayoría de los curas serían enviados también a la isla de Santa Helena, y quizá puestos a trabajar como mano de obra de las ONG’s en los países subafricanos.
 
    Se prohíben los sentimientos de culpa, y las personas no tendrían que estar en pareja con alguien con quien no quieren estar. Habrá toda la libertad para separaciones y nuevos arrejuntamientos.
   
    Como bien sabrán, todos los puestos serían ocupados por personas de mi entera confianza, para ayudarme en la medida de lo posible a que todo esto sea posible y ahora paso a contarles en quienes había pensado para esos puestos.
 
    *Como Vicepresidenta Livtrase, que tiene una visión de la vida muy particular y siempre me propone muy buenas ideas.
 
    *El Ministerio de Trabajo y Asusntos Sociales estaría ocupado por María. Nadie mejor que ella para llevar a cabo las labores sociales de nuestro estado.
 
    *El Ministerio de Cultura y Deporte estaría al cargo de Aarón. Es un chico muy despierto, sociable y culto, y le gustan mucho los deportes. Tanto que queda con sus amigos para tomar algo y se lleva el ‘Marca’.
 
    *El Ministerio de Defensa se lo encargo a Hell. Un chico deportista, sano y que en artes defensivas tiene muchos conocimientos.
 
    *El Ministerio de Asuntos Exteriores estará de la mano de Ricardo. Nuestra fuente más fiable al otro lado del charco, y de buen seguro sabrá desarrollar a la perfección su cargo.
 
    *El Ministerio de Administración Pública lo llevaría Tormenta, que ya sabe de estas cosas y siempre es bueno tener en el cargo a alguien que ya se sepa manejar a la perfección.
 
    *El Ministerio de Ciencia y Tecnología se lo encargo a nuestro pincha más loco, el burbujiano Mundoyas, que si consigue entender una mesa de mezclas, puede con todo.
 
    *El ministerio de Economía, ese lo pongo en manos de Jara, porque con la mala leche que se gasta... ¿Quién se va a atrever a hacer fraude fiscal?
 
    *El Ministerio del Interior, creo que la persona perfecta para este puesto es Beleita, porque siempre está metida un poquito en todo, siempre en el meollo de las cuestiones.
 
    *El Ministerio de Fomento correrá a cargo de Pistachita. Que para eso está estudiando en Londres y terminando la carrera en inglés.
 
    *El Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación estará bajo la supervisión de Larisavel. Nadie mejor que una veterinaria para hacerse cargo de estos temas.
 
    *El Ministerio de Medio Ambiente estará bajo el mando de Wannea. He creído oportuno poner este ministerio bajo la tutela de una bióloga, para ver si podemos frenar el cambio climático que ustedes han ido provocando.
 
    *El Ministerio de Justicia será la obligación de Ninivé. Ya conoce estos temas, y en sus manos nuestros litigios se verán arreglados en muy poco tiempo.
 
    *El Ministerio de Sanidad y Consumo lo llevará Mj. Una doctora joven y avispada y en la que tenemos puesta toda nuestra confianza. Sabrá ejercer muy bien su puesto.
 
    *El Ministerio de Hacienda... Bueno, Hacienda somos todos, así que ya saben, nada de ir haciendo el gamba y gastando por gastar, que hay que ver un poquito lo de la inflación y todo eso...
 
    Pues bueno, ahora ya saben cuales son mis intenciones, y tras todo lo relatado creo que sólo les queda una opción. Sea cual sea el que gane de ustedes dos, debería cederme el puesto de Presidenta de España a mí. Vamos, si ustedes también saben que todo iría mejor en mis manos.
 
    Un saludo, atentamente, Alejandra Lorenzo."
 
Dedicado a Fantasmín por ser su frase, y esto ha intentado ser un guiño de humor para todo lo que nos espera a principios de este año 2008 que entrará dentro de un par de días.
 
Felices Fiestas a todos y no os portéis demasiado mal... Pensad en lo que haría yo ;p
12/17/2007

Huída...

Por iniciativa del CUENTACUENTOS 
 
58. – Huída...
 
    Se despertó con todo el cuerpo dolorido. Sentía un frío penetrante que la calaba hasta los huesos. Era incapaz de abrir los ojos y mucho menos de moverse. La verdad es que desde que habían empezado aquel viaje no recordaba un despertar así. Entonces un escalofrío recorrió toda su espina dorsal al darse cuenta de que no podía mover los brazos. Los tenía inmovilizados a su espalda, por las muñecas.
 
    ‘Tranquila Ana, tranquila’, pensó, ‘trata de recordar lo máximo que puedas. Algo tiene que haber’. Y puso su mente en pleno funcionamiento, aunque todavía sentía el letargo recorriendo la mayor parte de su cuerpo.
 
    Recordaba perfectamente que hacía un par de semanas se había trasladado a Bélgica por trabajo, para cubrir la noticia sobre un asesino en serie que llevaba más de un mes aterrorizando todo el país, y del que aún no habían descubierto prácticamente nada. Actuaba en el silencio de la noche belga, y sus víctimas eran muy variopintas. Tanto animales como ancianos, jóvenes o niños. No hacía distinciones y cada tres o cuatro días, aparecía un nuevo cadáver por alguna zona de la ciudad.
 
    Recordaba también haber participado en aquella tertulia televisiva que habían retransmitido por una tele local en la que colaboraban periodistas de distintas nacionalidades. Todos los que se encargaban de aquellos sucesos pero, ¿cuánto había pasado desde aquello? Ahora no era capaz de visionar en su cabeza una línea de tiempo secuencial de la que poder fiarse. Se sentía muy confusa todavía. Y sin darse cuenta, al cerrar los ojos para aclarar sus ideas, volvió a quedarse dormida.
 
    Despertó sobresaltada. Ya no había frío, ya no, pero la ausencia de él hizo que su cuerpo temblase aún más. Alguien la había transportado desde aquel húmedo lugar hasta otro mucho más cálido y mullido. Movió las manos. Nada, continuaban inmóviles, quizá había sido una tontería hacerse ilusiones, pero ahora mismo es lo único que le quedaba. La esperanza.
 
    Continuó moviendo las manos. Sentía la aspereza de la soga contra la suave piel de sus muñecas. Le dolía, pero todo daba igual. Tenía que salir de allí como fuese. Tenía que escapar. Sentía quemazón, y las lágrimas ya se estaban escurriendo por sus mejillas, siendo las silenciosas representantes del dolor y el miedo que estaba pasando.
 
    Sintió un ruido y con el susto pegó un respingo, pero luego se quedó quieta, inmóvil en la semioscuridad que la rodeaba. Casi ni respiraba para poder escuchar cualquier sonido que pudiese delatar lo que estaba ocurriendo. Necesitaba hacerse una imagen mental de todo, antes de tomar una decisión y crear un plan a seguir, pero ¿acaso podía pensar con claridad en aquel momento? No lo sabía, pero pronto lo averiguaría.
 
    Otro ruido más cerca hizo que casi pegase un grito, pero se contuvo, no quería delatarse y que supiese que estaba despierta. ¿Quién la tendría retenida? Esperaba que no fuese el asesino sobre el que estaba informando. Sabía lo que le hacía a sus víctimas y no quería acabar como ellas. Por su cabeza pasó el caso de aquel empresario ruso que se dedicaba a matar a todos aquellos que rechazaban hacer negocios con él. Al final había secuestrado a un periodista que escribía sobre el caso para que negase todo lo que había escrito hasta el momento y que le apuntaba directamente a él. Esperaba que ese no fuese el caso. No quería estar en manos de aquel psicópata sobre el que escribía.
 
    Todo volvió a quedar en silencio y Ana retomó la respiración calmada, pero con un apremiante dolor en su pecho. Se acarició el pelo y se lo apartó de la cara y entonces se dio cuenta de que tenía las manos libres. Tenía que haber sido por el susto de antes, cuando tembló por completo y con el miedo, no se había dado cuenta.
 
    Se quedó un rato más en silencio, por si volvía quien quiera que fuese la persona que había estado allí, cerca de ella. Durante minutos que le parecieron horas se mantuvo en la misma posición, sin mover un músculo. Estaba en tensión, tanto que hasta comenzaba a dolerle. Su cuerpo comenzaba a jugarle malas pasadas y no podía permitírselo, así que trataba de pensar en algo que la ayudase a olvidar el lugar en el que estaba para concentrarse mejor.
 
    Pensó en sus últimas vacaciones. Había estado en el área metropolitana de Manhatan con sus amigas. Habían visitado todos los lugares interesantes y también habían pasado tardes y tardes enteras de compras. Sí, en eso tenía que pensar. En el siguiente lugar al que se iría, porque iba a salir de allí con vida. ¡Como fuese!
 
    Se obligó a levantarse. Al principio casi ni podía mantenerse en pie. Seguramente por culpa de las drogas que posiblemente le habrían administrado para poder llevársela a aquel lugar. Estaba desorientada, aunque de todas formas no sabría hacia donde ir. Se acercó a la pared y comenzó a palpar todo lo que encontraba a su alrededor hasta que encontró el pomo de una puerta.
 
    La abrió con cuidado, escuchando con atención, tanta que podría escuchar hasta el más mínimo sonido. Salió de la estancia en la que se encontraba y comenzó a caminar por aquel lugar que también estaba en penumbras. Escuchaba su respiración y en sus oídos martilleaba el sonido de su corazón, bum bum, bum bum...
 
    De repente un golpe a su espalda la hizo gritar. Había sido muy cerca, así que echó a correr entre las sombras, sin saber hacia donde se dirigía. Todo daba igual, sólo le importaba correr y alejarse de donde estaba, y en su huída no se preocupaba de no chocar contra nada. Hacía mucho ruido y sería fácil dar con ella, pero no podía evitarlo.
 
    Chocó contra una especie de mesa que había en medio de aquel lugar. Al pasar la mano sobre ella sus dedos toparon con un objeto conocido, un destornillador. No supo por que, pero tuvo la inminente necesidad de cogerlo, así que lo aferró con sus manos y continuó con su escapada.
 
    Sabía que iban detrás de ella, lo sabía, y por eso no podía dejar de correr. Tenía que salvar su vida y si quería hacerlo no podía dejarse vencer por el temor o el cansancio, pero casi ya la había vencido, tanto que sin darse cuenta tropezó con un tiesto que había allí y se calló al suelo.
 
    Cuando iba a levantarse notó que algo la cogía por el pie. La temperatura de su cuerpo descendió de repente. Sentía un frío ascendente desde el lugar que la tenían agarrada hasta el resto de su cuerpo. Se había quedado paralizada. Quería continuar su huída, pero el miedo era muy grande y la rodeaba por completo.
 
    ‘Venga Ana joder’, pensó para sí misma. ‘Tu instinto de supervivencia es mayor, haz algo’, y entonces sin saber de donde había salido toda aquella fuerza comenzó a patalear y pudo sentir como su pie libre se topaba con algo blando y entonces notó que la opresión en su pierna se hizo más débil, y aprovechó ese momento para volver a levantarse y continuar con su huída.
 
    Corría sin saber hacia donde se dirigían sus pasos. Tenía la sensación de estar girando todo el rato. Como si estuviese haciendo el mismo estúpido recorrido una y otra vez, pero entonces, al doblar una esquina pudo ver una luz al fondo. Sintió un rallo de esperanza en su pecho. Aquella debía ser la salida, lo había conseguido. Y mientras estaba absorta en estos pensamientos alguien la derribó haciendo que se diese un fuerte golpe en la cabeza.
 
    Tardó un par de segundos en recuperarse de la caída, pero no podía moverse. Alguien estaba sobre ella y le impedía casi toda su movilidad. Estaba aterrada y segura de que gritaba, porque le dolían ya los pulmones, pero no se escuchaba. En sus oídos sólo retumbaba el sonido de los latidos de su corazón, bum bum, bum bum...
 
    Sus ojos se acostumbraron a la pequeña claridad de aquella última estancia que la separaba de la libertad y pudo distinguir no muy claramente el rostro de su atacante. Era un hombre, no podría precisar su edad, pero por la fuerza que tenía y la complexión de su cuerpo debería estar entre los 25 y los 40 años. No era nada preciso, pero la luz era muy escasa y no la dejaba ver con precisión.
 
    El pánico volvió a apoderarse de ella. Consiguió soltarse la mano y con una destreza y aplomo que jamás pensó que tendría, le clavó el destornillador en un ojo haciendo regresar así todos los sonidos. Pudo escucharse gritar, así como pudo oír los gritos de dolor de su atacante, que ya no tenía fuerza para mantenerla inmóvil.
 
    Se escurrió como pudo y echó a correr hacia la luz. No quería mirar atrás. No le importaba quien era o por que lo hacía. Lo único que le importaba era salir de allí cuanto antes, nada más importaba en aquel momento, así que cuando llegó al final de aquel largo pasillo abrió la puerta y dejó que la luz la bañase por completo.
 
    La claridad del sol la había cegado temporalmente a causa de todo el tiempo que llevaba moviéndose entre las sombras. Escuchaba el cantar de los pájaros a su alrededor, y podía escuchar y notar las hojas crujiendo bajo sus pies. Sabía que estaba en el bosque, olía a verde, olía a esperanza. Seguía corriendo porque aún no se sentía a salvo, pero su corazón ya se había calmado.
 
    Escuchó un ruido a lo lejos, y no paró para averiguar de qué se trataba. Un dolor en el pecho la hizo perder el ritmo de la carrera. Estaba claro que tanto correr la tenía totalmente extenuada, pero no podía parar si quería salvar su vida. Podía oír el murmullo de las aguas bajando el río y sabía que tendría que seguir el cauce hasta llegar al pueblo, aunque aquel dolor amenazaba con no dejarla dar un paso más.
 
    Se llevó la mano al estómago, para tratar de aliviar el dolor mediante la presión y al quitar la mano pudo ver sus dedos manchados de sangre. El miedo se vio reflejado en todo su cuerpo y dirigió su vista hasta su abdomen. Levantó la camiseta y pudo ver un pequeño agujero del que no paraba de salir sangre a borbotones.
 
    ‘Está claro, este es mi fin’ pensó, pero no dejó de correr, aunque cada vez sus pasos eran más cortos y lentos. Se paró en seco al llegar al borde de un pequeño acantilado que dejaba paso al río. Estaba agotada, casi no tenía ya fuerzas. Se giró para ver a su perseguidor.
 
    Lo vio a lo lejos, entre un par de árboles, acercándose poco a poco, en silencio, pero consiguiendo que cada paso sonase atronador en los oídos de Ana. Se acercó lo bastante para que su ya cansada vista le pudiese ver mejor.
 
    -Tú...
 
    Esas fueron las últimas palabras que Ana pronunció antes de caer de espaldas por aquel acantilado y que su cuerpo terminase en el río. Encontraron su cadáver días después. Nadie achacó su muerte a aquel brutal asesino que tenía en vilo a toda Bélgica, simplemente dijeron que había salido a pasear por el bosque y que quizá un mal paso la había echo terminar en el río y que la corriente se había ensañado con su joven cuerpo, estrellándolo contra las rocas durante días.
 
    Nadie supo nunca la verdadera historia de Ana. Nadie supo de la agonía que pasó los últimos minutos de su vida. Sólo él sabía la verdad. Sólo él sabía como habían ocurrido las cosas. Sólo él...”
 
Pues esta es mi pequeña contribución esta semana. Espero que os guste y que disfrutéis leyéndola tanto como yo escribiéndola. Mis palabras no eran muy difíciles, las cogí de un diccionario enciclopédico y son estas: Bélgica, tertulia, empresario, metropolitano y destornillador. Espero haberlas introducido bien en este relato.
 
Espero vuestros aplausos o vuestros abucheos. Besitos a todos y os quiero!!
12/11/2007

La más hermosa...

Por iniciativa del CUENTACUENTOS 
 
57. – La más hermosa...
 
    Cuando se quiso dar cuenta, era otra vez otoño. Ya había pasado un año entero y casi ni se había dado cuenta, pronto volvería a ser su cumpleaños. Entre el trabajo, las fiestas, más trabajo, los hombres con los que salía, ni se había percatado del paso del tiempo.
 
    A Sonia nadie le echaba más de 25, aunque en realidad tenía unos cuantos más. La gente se asombraba con lo joven y bella que se conservaba y sabían bien que cuidaba muchísimo su aspecto. Era coqueta sí, y hasta cierto punto muy soberbia. Sus amigas lo sabían y la aceptaban tal y como era, aunque la verdad es que a veces hasta a ellas mismas les costaba entenderla.
 
    En su trabajo siempre era la primera. Siempre estaba en todo y cuando se proponía algo lo culminaba sin problemas, en poco tiempo y con unos resultados increíbles para la empresa. Esto la había llevado a convertirse en la mano derecha del jefe de la compañía, aunque esto mismo se había convertido en otro obstáculo para hacer amigos en la empresa.
 
    Había entrado a trabajar allí porque un tío con el que se acostaba le consiguió una entrevista, y en poco más de dos años había ascendido desde lo más bajo hasta ponerse por encima de todos sus compañeros y mostrando a veces una superioridad que llegaba a exasperarles.
 
    A ella no le importaba. Quería llegar a lo más alto y tener poder, mucho poder. Siempre le pasaba en todos los trabajos que tenía. Necesitaba ser la mejor y si no conseguía esa motivación, o cuando ya estaba en la cima, dejaba el trabajo de un día para otro, casi sin avisar y dejando casi que la empresa se viniese a bajo sin ella.
 
    Y en su vida personal no era mucho más constante. La relación más larga que había tenido había durado 9 años, y finalmente le había abandonado en el altar el mismo día de su boda. Sin explicaciones, sólo una carta en la que decía que jamás amaría a alguien como le amó a él, pero que no podía hacerlo, no podía quedarse con él, que no estaba dispuesta a perder su belleza, y que no podrían volver a verse.
 
    Y aquello era cierto. No amaría a ningún otro como le amó a él. Y todas sus relaciones eran cortas, insulsas, sin vida, prácticamente sin sentimientos por parte de ella. Sólo una simple cuestión de sexo, sólo por el mero echo de sentir el calor de otro cuerpo en la cama.
 
    Otro año más de su vida. No podía creérselo. Ya había conseguido todo lo que quería en aquella empresa y el hombre con el que estaba tampoco le aportaba mucho más que cualquier otro. Estaba claro que tenía que salir de allí. Se sentía encerrada y tenía que escapar una vez más, aunque esta vez sería antes de tiempo, pero antes de irse tenía algo que resolver con urgencia.
 
    Quedó con sus amigas y decidieron salir de discotecas. Le apetecía olvidarse del trabajo, del hombre con el que estaba, de su cumpleaños, de que había pasado un año más. Quería olvidarlo todo, o casi todo, porque todavía le quedaban cosas por hacer.
 
    Tenía que romper con su actual novio. Buscar un nuevo trabajo, otro piso en el que vivir, muy posiblemente en una ciudad nueva. Otra vez cambios, otra vez a ser la nueva, nuevos compañeros, nuevos amigos...
 
    La llamaron a su espalda y se acercó a la barra, junto a sus amigas. Allí le dieron una copa, a la que estaba invitada. Preguntó a la camarera quien la había invitado y esta le señaló a un hombre que se encontraba al final de la barra. Levantó la copa en su dirección, le sonrió al tiempo que le guiñaba un ojo y se acercaba la copa a los labios para dar un pequeño trago.
 
    Aquel hombre tenía una bonita sonrisa y parecía inofensivo, así que decidió acercarse para darle las gracias personalmente, y sin casi darse cuenta ya había pasado más de tres horas hablando con él. Era un hombre agradable. Le estuvo viendo durante un par de minutos, sin decirle nada y decidió invitarle a su piso, para tomarse la última copa.
 
    No le extrañó que aquel hombre no se negase. Ella sabía que era hermosa, se afanaba mucho en ello, y también sabía todo el poder de seducción que poseía. Fueron en el coche de Sonia y durante el camino, de vez en cuando, fue rozando su mano contra la rodilla de él, sabiendo que así se pondría más nervioso, y así fue.
 
    Subieron a su piso y entonces dejó fluir todas sus armas de seducción. Antes de lo que había pensado ya lo tenía en sus manos, y se fueron desnudando poco a poco. Pegaba su cuerpo al de él, le besaba y se dejaba besar y poco a poco se fueron acercando al cuarto de baño entre risas.
 
    Ella se metió en la bañera, puso el tapón y abrió el grifo de agua caliente. Él quiso meterse con ella, pero Sonia juguetona no le dejaba. Le decía que tenía que obedecerla, que tenía que ser un buen chico, y aquel hombre no se planteaba llevarle la contraria a la mujer más hermosa que había visto. Casi ni se creía que estuviese allí con ella, y sabía que sus amigos no se lo creerían nunca, pero él sabría que era verdad y es lo único que realmente importaba.
 
    Cuando la bañera ya estaba por más de la mitad Sonia le dijo que se acercase lentamente. Ella se puso de rodillas en la bañera y él hizo lo mismo por fuera. Comenzaron a besarse una vez más. Le pidió que cerrase los ojos y él lo hizo gustosamente, hasta que notó sobre sus labios la suavidad, dureza y calor de los pechos de ella. Los besó con una mezcla de pasión y suavidad. Abrió los ojos y volvieron a besarse.
 
    Una vez más ella le pidió que cerrase los ojos, y lo hizo gustoso pensando en el siguiente pedazo de paraíso que ella iba a ofrecerle, y abrió los ojos como platos cuando sintió el frío del acero rasgando su garganta. Casi no tuvo tiempo ni de darse cuenta de lo que estaba ocurriendo. Rápidamente se quedó sin fuerzas. Sus músculos se habían quedado bloqueados, ya no le respondían. Se estaba mareando al mismo tiempo que asumía que iba a morir.
 
    En sus ojos sólo veía el agua de la bañera, que se teñía de rojo con su propia sangre y podía distinguir un poco entre sombras a Sonia, que se frotaba el cuerpo con aquella mezcla de agua caliente y sangre. Miraba fríamente a aquel hombre que se estaba muriendo delante de ella, y no se inmutaba, no sentía remordimientos. Ya no...
 
    Recordaba la primera vez que lo había echo. Hacía más de cien años que había matado al primer hombre, tras su contrato con el mismísimo demonio, con el que había pactado que siempre se conservaría joven y hermosa con la condición de que una vez cada cinco años le entregase un alma. Lo había aceptado con gusto sólo por poder mantenerse joven y bella.
 
    Tenía que bañarse en la sangre del sacrificado, pero ¿y qué? Era un pequeño pago a cambio de todo lo que le ofrecían. Sacrificar a un hombre que la desease y bañarse en su sangre. Un precio muy bajo por lo que conseguía a cambio, o al menos ella lo veía así, y no se paraba a pensar en lo que les parecería a los demás...”
 
Dedicado a Dulce_Locura, por prestarme esta primera frase, de la que ha salido un relato un tanto extraño, pero del que estoy orgullosa.
 
Y también dedicado en especial a Hell, que me pedía un relato pseudo-psycho-killer... Niño!! Tú crees que este ha valido? jajajaj...
 
Besitos a todos!!
12/3/2007

La vida...

Por iniciativa del CUENTACUENTOS 
 
56. – La vida...
 
    Las turbulencias presagiaban lo peor. El avión se estremecía con cada golpe de viento y con cada sacudida su mente le proyectaba nuevos finales para aquella situación.
 
    ‘Voy a morir’ pensó Antonio, ‘bueno, que más da… De todas formas ya dejé mi vida atrás desde que sus ojos se cruzaron con los míos…’ Y entonces pensó en Silvia.
 
    Si cerraba los ojos casi podía sentirla a su lado. Notar el calor de su suave piel, el aroma de su cuerpo, el tono de su suave voz cada vez que susurraba su nombre en sueños...
 
    Estaba claro que la amaba más que a nada, pero había cosas en la vida que tenían que seguir su curso y lo estaban haciendo... Aquel avión cada vez se dejaba llevar más por los embistes de aquella horrible tormenta, y a él le daba igual, porque su vida ya estaba junto a la de ella. ¿Qué más le daba morir entonces?
 
    Se sentó bien en el asiento y cerró los ojos. Pensó en ella, en sus ojos, en sus labios, en sus manos, en sus pechos y entonces llegó la calma, la tranquilidad. Siempre pasaba lo mismo... Cuando estaba en algún momento en el que los nervios se apoderaban de él, pensaba en ella y la calma volvía. Esta vez incluso se había detenido la tormenta y el avión retomaba su curso normal.
 
    Por los altavoces sonó la voz del capitán que les avisaba de que por culpa de la tormenta se habían desviado un poco y que tenían un ligero retraso, pero que llegarían a tiempo para que los pasajeros que tenían transbordos cogiesen sus vuelos.
 
    ‘¡Mierda! Un retraso... No tengo tiempo para retrasos hoy...’ Pero no había nada que hacer, así que volvió a sentarse en su asiento, a cerrar los ojos y a evocar la imagen de su amada para así pasar el tiempo.
 
    Por fin el avión hizo toma de tierra y en cuanto pudo salió disparado del avión como alma que lleva el diablo. No tenía equipaje, había sido un viaje improvisado, así que no perdió el tiempo en ir a aquella zona y salió del aeropuerto en busca de un taxi.
 
    Se montó en uno casi sin aliento y cuando el taxista la preguntó que a donde se dio cuenta de que no lo sabía. ‘¿Por qué nadie se lo había dicho? ¿Acaso tenían miedo de que hiciese lo que estaba haciendo? Pues ya veían que lo estaba haciendo igual, aunque mucho más difícilmente sin ayuda...’
 
    Recordó los momentos pasados con ella. Sus paseos en la noche, y entonces el recuerdo vino solo... ‘ la plaza de San Ignacio’.
 
    -¡A la plaza de San Ignacio! ¡Rápido!
 
    Y el taxi salió a toda velocidad hacia el lugar que Antonio le había indicado. Se preguntaba si todos sus amigos estarían ya allí. Seguro que sí, seguro que todos estaban en aquel lugar, y seguía sin entender que nadie le hubiese dicho nada...
 
    Podía entender que los demás callasen, pero ¿y ella? ¿Silvia por qué había callado? ¿Quizá porque a ella le dolía tanto como a él todo aquello? ¿Quizá porque no veía otra salida? No lo sabía, y tampoco estaba seguro de poder hallar la respuesta cuando llegase allí.
 
    El taxi frenó y lo sacó bruscamente de sus pensamientos. Le pagó y le dejó más de 10 euros de propina, cosa que el taxista agradeció y le preguntó si quería que lo esperase.
 
    -No gracias... – miró hacia el frente. – O mejor sí, espéreme...
 
    Subió las escaleras corriendo, de tres en tres y llegó hasta la puerta. Tomó aire, tenía que coger fuerzas para lo que vendría ahora. Inspiró una vez más y con las manos temblorosas abrió la puerta lentamente, queriendo hacer el menor ruido posible.
 
    Como imaginaba allí estaban todos sus amigos. El sonido del órgano lo envolvió por completo y entonces la vio. Hermosa, radiante con su vestido de novia. Ahora la notaba más lejos que nunca.
 
    Le escuchó decir a él ‘Sí quiero’ y como el cura comenzaba a hacerle la misma pregunta a ella. Desde la distancia pudo ver como una lágrima se escapaba por su mejilla y entonces ella levantó la vista, miró hacia atrás y le vio allí, parado delante de la puerta. Con lo primero que había encontrado la noche anterior, cuando se había enterado de que ella se casaba.
 
    Sus miradas se cruzaron y volvió a ver la luz en los ojos de ella. Aquella luz que sólo brillaba cuando estaban juntos. Más lágrimas comenzaron a escurrirse por sus mejillas y cerró los ojos. Antonio dio un paso hacia delante, no se creía lo que estaba a punto de hacer y entonces la escuchó a ella. ‘Sí quiero’. Y más lágrimas caían por su rostro.
 
    Antonio no sabía que decir ni que hacer. La había perdido para siempre, por no haberse decidido a tiempo, por no demostrarle lo que realmente sentía por ella, por no dejar las cosas claras...
 
    Se dio la vuelta y bajó las escaleras poco a poco. Se metió en el taxi y le pidió que le llevase otra vez al aeropuerto, no había nada que hacer. Había llegado tarde y todo por culpa de sus miedos e indecisiones. Había perdido a la única mujer a la que había amado de verdad, la única que podía hacerle sonreír en un día triste...
 
    Supo de ella a través de sus amigos. Supo que al poco de casarse ella se quedó embarazada y que había tenido un niño. Y que después había tenido una niña. Supo que con sus hijos se la miraba radiante, con una sonrisa en los labios, aquella sonrisa que tanto había amado...
 
    Silvia tenía todo lo que una mujer podía soñar... Tenía un marido que la quería, una casa, un buen trabajo que no le ocupaba mucho tiempo y unos hijos maravillosos que llenaban su vida de mucha alegría. Y que incluso llenaban aquel vacío que sentía.
 
    Porque tenía todo lo que una mujer podía soñar, pero no tenía lo único que necesitaba, el amor de Antonio…”
 
Esta semana el relato está dedicado a Ninivé... Porque se lo merece y por esa primera frase que ha sido la fuente de inspiración de este relato...
 
Siento haber escrito esta historia de pseudo-amor con tu frase, pero es lo que ha venido a mi cabeza loca... jejejeje... Espero que os guste a todos!! Besitos!!!
11/26/2007

Infancia robada...

Por iniciativa del CUENTACUENTOS 
 
55. – Infancia robada...
 
    “-El niño debe de ser protegido contra toda forma de abandono, crueldad y explotación. No podemos permitir que un niño sufra abusos de ninguna índole, y estamos obligados a preservar su inocencia y su infancia ante todas las cosas y en contra de quien sea... – hizo un gesto con la mano.
    -¡Acusado póngase en pie! – dijo el alguacil.
    -Señor Olivenza, tras escuchar todos los testimonios, incluido el suyo, este tribunal le declara culpable de un delito leve de lesiones contra su esposa, y culpable de abuso a menores contra su hijo de 7 años. – dio un golpe en la mesa con el mazo. – Se levanta la sesión. Pueden llevárselo.
 
    Octavio Olivenza comenzó a resistirse y a gritar que él no había sido, que era inocente. Todos decían lo mismo, pero las pruebas le señalaban a él. Vio a su hijo y a su esposa allí, en primera fila.
 
    Cuando los ojos de su padre se clavaron en los suyos, Benjamín comenzó a temblar. No podía evitarlo, y sin darse cuenta, unas lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos. Su madre que lo vio lo abrazó contra su pecho, y Benjamín al levantar la cabeza pudo ver su cara hinchada y aquel ojo tan negro como la noche.
 
    Se volvió a estremecer, esta vez más visiblemente. Estaba asustado y ya no le daba miedo a admitirlo. Era un niño. Sólo tenía 7 años y estaba en todo su derecho de sentir miedo, eso le habían dicho los psicólogos, pero estaba asustado, muy asustado.
 
    No le pidieron que subiera al estrado a testificar. Dijeron que las pruebas que tenían eran suficientes y eso hizo que se sintiese aliviado, pero según se habían ido desarrollando los acontecimientos su cuerpo se había ido tensando poco a poco...
 
    Su madre contando la paliza que su padre le propinó una noche que llegó del trabajo. Él fue testigo de esa brutal paliza, pero no tenía que declarar, tenían pruebas suficientes habían dicho...
 
    Su madre contó entre lágrimas y con todo detalle todos los golpes que recibió por parte de su marido, y como Benjamín lo miraba todo, llorando acostado en el sofá del salón. Lo recordaba todo como si hubiese sido ayer, y ya habían pasado casi 11 meses.
 
    También recordaba el testimonio de su padre. No negaba que le hubiese dado la paliza a su mujer, era evidente que alguien la había maltratado, pero alegaba enajenación mental transitoria, aunque no le creyeron.
 
    Pero al contrario, negaba categóricamente que él hubiese maltratado y abusado de Benjamín. ¿Por qué? ¿Por qué no decía la verdad? Benjamín se había venido abajo el día que declaró su padre. Se había puesto a llorar en la sala, y su madre se lo tuvo que llevar fuera cuando el niño había comenzado a gritar cosas presa de un ataque de nervios.
 
    Y ahora allí estaban. Había finalizado el juicio y le habían declarado culpable. Ya estaba todo hecho. Y recordaba las palabras del abogado... ‘Cuando tengamos una sentencia podrás volver a respirar tranquilo. No volverán a hacerte daño.’
 
    Levantó la vista para ver a su madre una vez más. Ella le estaba acariciando el pelo, y al verle le sonrió y le dio un suave beso en la frente. Soltó a Benjamín para coger su abrigo y en ese momento el niño se alejó corriendo de ella. Saltó la barandilla y se abrazó con fuerza a su padre.
 
    -¿Por qué papá? ¿Por qué no les dijiste que fue ella? ¿Por qué no les contaste que le pegaste al ver lo que me hacía? – gritaba Benjamín entre lágrimas mirando a su padre a los ojos. – Y ahora dejas que vuelva con ella a casa. Sabes lo que va a hacerme. Una vez me protegiste, dijiste que no volvería a pasar y ahora te vas. ¿Por qué no me proteges papá?
 
    Todas las miradas se centraron en Margarita. Se había quedado rígida y pálida como el mármol. No decía nada y no se movía. Estaba impertérrita ante la sala y aguantaba las miradas que ahora habían tornado de lástima a desprecio, desaprobación y asco.
 
    Benjamín se giró hacia el abogado. Todos pudieron ver el dolor reflejado en la cara del pequeño, y fueron conscientes del daño que había sufrido y también del que le podían haber causado...
 
    -Me dijiste que no hacía falta que declarase, que estaba a salvo, que no volverían a hacerme daño. Y me quitas a la única persona que me ha protegido... La única persona que podía evitar que ella volviese a tocarme...
    -¡Cállate la boca maldito niño! ¡Que los dos sabemos muy bien que me provocabas!
    -¡Ya basta! – gritó el juez. – No estoy dispuesto a escuchar ninguna barbaridad más. Señor Octavio Olivenza, ¿es verdad todo lo que está diciendo su hijo? Y si es así, ¿por qué no dijo nada ante este tribunal?
    -Señor juez. Todo lo que ha dicho mi pequeño Benjamín es cierto. Y si no le he dicho nada a usted señoría es porque ella me prometió que si yo cargaba con las culpas no volvería a tocar al niño...
    -En vista de los nuevos acontecimientos ordeno que entre en prisión preventiva la señora Margarita Pena, y que se prepare una vista oral para fijar la fecha del juicio por abuso de menores a su hijo de 7 años Benjamín Olivenza Pena. Así como dictamino que se ponga inmediatamente en libertad provisional al señor Octavio Olivenza, pendiente de un juicio por agravios leves a su mujer. Ahora sí, ¡se levanta el acta!
 
    Benjamín corrió hasta los brazos de su padre que lo abrazó con todas sus fuerzas. Secó sus lágrimas con su camisa y volvió a abrazar a su hijo.
 
    -Tienes que entenderme Benjamín. Tenía que hacerlo para que ella te dejase en paz. Lo hice por ti hijo...
 
    No hizo falta nada más, ni una sola palabra, ni un gesto. Benjamín estrechó fuertemente a su padre entre sus brazos y rompió a llorar otra vez, pero ahora con el alivio de saberse a salvo de ella...”
 
Un tema difícil y espinoso este tratamos esta semana... He intentado dejar mi aportación lo mejor que he podido con este relato... Espero que os guste...
 
Un millón de besos para todos y sobre todo para los niños.

Ruidos...

Por iniciativa del CUENTACUENTOS 
 
Mi aportación al concurso de Relatos de Terror de Cuentacuentos
 
Ruidos
 
    Eran las 3 de la madrugada. Mario e Isabel dormían plácidamente cuando un ruido la sobresaltó. Despertó de su sueño y aunque creyó que aquel sonido había sido producto de su imaginación tardó un buen rato en volver a dormirse.
 
    Al rato un nuevo sonido extraño volvía a arrancarla de su sueño, y esta vez, temblando despertó a su marido:
 
    -Mario, cariño. Despierta.
    -¿Qué pasa? ¿Ya es hora? Es que no he oído el despertador.
    -No, es que ya es la segunda vez que me ha parecido oír un ruido en casa.
    -¿Estás segura? – preguntó Mario mucho más despierto.
    -Sí, escucha... – dijo Isabel acurrucándose contra su marido bajo las sábanas.
 
    Escucharon en silencio durante un buen rato y nada. Ni un solo sonido que les advirtiese que algo estaba sucediendo. Podían oírse respirar el uno al otro y Mario sentía como todo el cuerpo de su esposa temblaba.
 
    -Tranquila, no ha sido nada. Volvámonos a dormir, que mañana hay un duro día de trabajo por delante.
    -Sí tienes razón. Mañana hay mucho que hacer y será mejor que estemos descansados.
 
    No habían pasado ni cinco minutos cuando volvió a escucharse otro ruido. Esta vez eran pequeñas y rápidas pisadas por el pasillo. Al principio que se acercaban a la puerta de su habitación, pero luego volvían a alejarse...
 
    -¡Mario!
    -Tranquila, lo he oído.
    -¿Lo has oído y me pides que esté tranquila?
    -¡Shhhh! Escucha...
 
    Otra vez aquellos pasos que parecían acercarse a la puerta parcialmente abierta de su habitación, pero ellos no veían nada. Los pasos terminaron justo en la puerta. Mario e Isabel estaban en tensión. En la puerta no había nadie y sin embargo aquellos pasos habían terminado justo allí...
 
    Se quedaron en silencio y volvieron a escucharlos pero esta vez al final del pasillo, sonaban diferentes y familiares y esta vez vinieron acompañados de un susurro:
 
    -Shhh, no hagas ruido o mamá y papá nos castigarán...
    -Joder, que susto... Es Susi – dijo Mario claramente aliviado. – ¿Pero con quien habla?
    -Tiene un amigo imaginario, ¿no te lo había dicho?
    -No me lo habías comentado. Así que un amigo imaginario... ¿Con sólo tres años?
    -Es muy normal cielo. Aquí casi no hay niños y creo que todos de pequeños hemos tenido algún amigo imaginario con el que compartíamos juegos, ¿tú no?
    -Mmmm... No lo recuerdo – y dándole un beso en la frente añadió. – Voy a meter a la pequeña en la cama.
 
    Mario abrió la puerta de la habitación esperando ver a la niña allí, pero no vio nada. Se dirigió a la habitación de su hija, sintiendo como su corazón se aceleraba y sin entender por qué...
 
    Se paró delante de la puerta. Estaba cerrada, cuando ellos siempre la dejaban entornada, por si la niña lloraba o tenía una pesadilla y quería ir a junto de ellos. Tomó aire, cogió el pomo y decididamente lo giró.
 
    Entró en la habitación que estaba a oscuras. Se acercó a la cama de su hija y vio como las mantas marcaban su cuerpecito.
 
    Se acercó para arroparla bien y darle un par de besos, pero al inclinarse sobre la cama pudo ver que esta se encontraba vacía. Un escalofrío recorrió su cuerpo al tiempo que destapaba completamente la cama. No estaba, la niña no estaba...
 
    Se giró en redondo para poder ver bien toda la habitación. Nada. No la veía en ningún rincón escondida, pero un sonido a su espalda llamó su atención.
 
    Se giró, y vio el armario. Estaría allí dentro escondida, jugando al escondite con su amigo imaginario. Se acercó silencioso al armario. No quería asustarla mucho, pero se merecía un pequeño castigo por hacérselo pasar mal...
 
    Abrió la puerta del armario de golpe y la niña no estaba allí. Él podría haber jurado que un ruido había salido de aquel armario, pero no había nadie en él.
 
    Se giró y vio otra vez la cama. Seguro que estaba allí debajo metida. Se acercó y se arrodilló. Levantó las mantas y se asomó. Allí al fondo vio una sombra...
 
    No se mueve, pensó. ¿Por qué no se mueve? Y el terror comenzó a apoderarse de él. Su mano temblorosa se perdió bajo la cama, cada vez más cerca de aquel bulto que no podía distinguir y al fin tocó algo.
 
    Un pie, un pie frío, helado diría él. Todo su cuerpo se paralizó y sintió como si hubiese bajando la temperatura de repente. Tomo aire, no podía ser... Y con aquel temblor en el cuerpo comenzó a tirar.
 
    Casi lo había traído hasta la parte iluminada por la poca luz que entraba por la ventana. Parecía un pequeño cuerpo inerte. Su corazón latía a mil revoluciones. Cogió el cuerpo y rezando lo giró...
 
    -¡Dios! – dijo ahogando un grito. – Maldita muñeca...
 
    Era aquella muñeca tan grande que su hermana le había regalado a Susi. Nunca le había gustado y ahora acababa de pasarle el peor trago de su vida.
 
    Si en el armario no había nadie y bajo la cama sólo estaba la muñeca, ¿dónde podía estar su hija? Y entonces vio unos pequeños pies asomar bajo el borde de la cortina y pudo escuchar una pequeña risilla.
 
    Se sintió aliviado y pensó que podía continuar con el juego. Se levantó y se acercó sigiloso hasta la ventana, casi sin hacer ruido y cuando ya podía alcanzar la cortina con la mano dijo en un susurro:
 
    -¿Dónde podrá estar mi pequeña Susi?
 
    De un tirón apartó la cortina y de nuevo todo su cuerpo se tensó. Detrás de la cortina no había nada, pero allí abajo seguía habiendo unos pies, hasta que se fijó bien. Sólo eran unas zapatillas.
 
    Respiró aliviado, soltó la cortina y una pequeña carcajada. Se estaba volviendo paranoico aquella noche, y no podía permitirse perder la cordura.
 
    Se giró para salir de la habitación y buscar a la niña por el resto de la casa, cuando por el rabillo del ojo pudo ver un movimiento extraño en la cortina.
 
    -Bueno ya está bien Susi, si no dejas de jugar papá se va a enfad...
 
    No pudo acabar la frase. Detrás de la cortina volvía a no haber nadie, pero el rostro pálido de un niño le miraba fijamente desde el reflejo de la ventana.
 
    Dio un paso hacia atrás, tropezó con la muñeca y cayó al suelo. Aquel rostro seguía mirándole y sólo pudo balbucear:
 
    -Isa... Is... ¡Isabel! – pero no lo suficiente como para que su mujer le escuchase.
 
    Dio un vistazo rápido a la puerta y al volver a mirar hacia la ventana ya no había nada allí. Su cuerpo no reaccionaba y pasaron varios segundos hasta que pudo incorporarse y salir corriendo hacia su habitación, donde su esposa seguiría en la cama.
 
    Entró a todo correr y se quedó paralizado al contemplar la escena que allí lo esperaba. Sobre la cama su mujer jugando con su hija.
 
    -¿Qué pasa Mario? Estás muy pálido. Ni que hubieses visto un fantasma...
    -¿Cuánto rato lleva aquí Susana?
    -Desde que te has ido. Debía de estar escondida en el cuarto de baño, porque ha sido salir tú y ha entrado ella. Tardabas tanto que pensé que estarías haciendo algo...
    -Isabel – dijo antes de echarse a llorar. – Isabel, en el cuarto de la niña había algo.
    -¿Algo? Explícame a que te refieres. ¿Algo como qué?
    -Un niño, ¡o al menos la imagen de un niño reflejada en el cristal de su habitación!
    -Pero... ¿Tú te has oído lo que has dicho?
    -Ya te lo había dicho yo mami, pero no quisiste creerme.
 
    Isabel y Mario miraron a su hija que jugaba alegre sobre la cama. Isabel cogió la cara de su hija entre sus manos y dándole un beso en la frente le dijo:
 
    -Mi vida. ¿Y dónde está ese niño?
    -Aquí en la casa, con nosotros, como tiene que ser...
    -¿Cómo tiene que ser? ¿A que te refieres Susana? – dijo Mario visiblemente asustado.
    -Susi, mira a mamá... Dime, ¿dónde está ese niño?
 
    Susi se apartó de su madre, bajó de la cama y se acercó hasta la gran cómoda que tenían presidiendo aquel cuarto. Abrió uno de los cajones y se puso a rebuscar.
 
    Al fin cerró el cajón y se acercó de nuevo a ellos. Se subió a la cama y le dio a su madre una foto.
 
    -Hoy es su cumpleaños y sólo quiere jugar...
 
    Isabel rompió a llorar. Susana acababa de darle la foto de su hermano Pedro, que había muerto por la llamada “Muerte Súbita” año y medio antes de que ella naciese.
 
    -¡Mario! ¿Qué día es hoy?
    -¡Joder! 1 de noviembre... ¡Hoy es 1 de noviembre!
    -Dios – dijo Isabel entre lágrimas. – Hoy era su cumpleaños...
 
    Comenzó a hacer mucho frío en aquella habitación, tanto que incluso podían ver la nube que formaba el aire caliente que expulsaban sus pulmones.
 
    Y entonces Susana señaló hacia la puerta de la habitación y se quedó callada mirando hacia allí.
 
    -Susana cielo, ¿qué haces? – preguntó su madre.
    -No tengáis miedo. Está ahí y sólo quiere jugar…”
11/19/2007

Insomnio...

Por iniciativa del CUENTACUENTOS 
 
54. – Insomnio.
 
    El camino es tan estrecho que se hace difícil caminar erguida sin caer o al menos eso me parece mientras subo las escaleras de mi casa hasta mi habitación, y allí me tumbo en la cama. Estoy rendida y seguro que el sueño pronto se apodera de mí, pero siempre me equivoco...
 
    En cuanto me acuesto en la cama el sueño y el cansancio desaparecen tan rápido que no puedo darme casi cuenta, y así empieza otra noche de insomnio. Otra larga noche...
 
    Me acuesto y pongo la televisión. Veo la serie del día: CSI, Cuestión de sexo, Kyle XY, House... Da un poco igual, la cuestión es estar entretenida para no darme cuenta de que las horas pasan.
 
    A veces hasta estoy leyendo un libro al tiempo que tengo la televisión puesta, y el ordenador encendido, por donde, de vez en cuando, mantengo alguna conversación con algún amigo perdido por el mundo.
 
    Y según avanza la noche siento una opresión dentro de mí al no poder conciliar el sueño, y comparto noches en vela con algunos de mis CC, hablando de mil cosas, e intercalando las charlas con documentos de Word que tengo abiertos, donde se esconden mil relatos que algún día verán la luz...
 
    Y entonces dan las 3 o las 4 de la mañana. Hora en la que me obligo a dejarlo todo. Momento en el que me obligo a tratar de dormir. Instante en el que la oscuridad se hace palpable, el silencio retumba en el aire, y me siento como si estuviese sola en el mundo.
 
    Me acuesto, me acurruco bajo las sábanas con mi perro y con la esperanza de que el sueño y el sopor pronto vengan a ocupar su lugar a mi lado, en esta cama en la que me pierdo.
 
    Doy vueltas, no consigo dormir. Me levanto y a oscuras recorro la casa. Voy a la cocina, bebo algo, quizá encuentro algo ligero que comer y vuelo en silencio a mi cuarto, para no despertar a nadie.
 
    Otra vez bajo las sábanas. Más vueltas, silencio, oscuridad, el tiempo pasando sin que el sueño llegue hasta donde yo estoy. Enciendo la luz, cojo la libreta y el bolígrafo que tengo en la mesita y me pongo a escribir mil cosas que al final se quedarán en nada, por no tener coherencia.
 
    Apago la luz, pasan los minutos, el perro duerme a mis pies, le oigo roncar. Me enfado. Me molesta que duerma y yo no ser capaz, así que le doy un pequeño golpecito con el pie y lo despierto, dejándolo al pobre con cara de sueño y sin saber que está pasando. Así que lo cojo y lo abrazo contra mi pecho.
 
    -¿Tú tampoco puedes dormir?
 
    Y acariciándolo el perro se vuelve a dormir y vuelvo a quedarme sola, en el silencio de la noche y sin rondarme apenas el cansancio.
 
    Un ruido. Me quedo quieta en la cama. Mi padre se levanta para irse a trabajar, lo que me revela la hora que es, las 6.20 de la mañana. Me quedan tres horas más antes de tener que levantarme. Ahora sí, ahora llega el agobio...
 
    Me quito la almohada de debajo de la cabeza y la coloco paralela a mí, en la cama. Apoyo la cabeza en ella y la abrazo. Quiero dormir y no puedo. Una lágrima esquiva resbala por mi mejilla, como cada noche, y entonces estiro la mano y sobre la cama, en la cabecera toco a Ratoncito, que siempre está ahí, durante mis noches de vigilia.
 
    Tocarle hace que me tranquilice. No sé, ese peluche puede hacer que se desvanezcan mis penas en un momento, sólo con tocarle en plena oscuridad, cuando ya no puedo más y me siento derrotada, es cuando al fin, el sueño decide acomodarse a mi lado en la cama.
 
    Morpheo ocupa el lugar que le corresponde hacía ya horas, para ocuparlo apenas un par de ellas y caigo rendida en sus brazos mientras abrazo la almohada con una mano y con la otra acaricio a Ratoncito...
 
    Ahora vamos camino de la una de la mañana y publico mi relato. No sé a que hora podré conciliar el sueño, porque no sé que planes tiene para mí esta noche el bueno de Morpheo, el guardián de los sueños.
 
    Aunque esta noche es diferente. Puedo oír el sonido de la ansiada lluvia repiquetear en el techo y ese sonido me relaja, me ayuda a llegar hasta el onírico abrazo al que me transportará Ratoncito en un par de horas, o al menos eso espero...
 
    Así son mis noches y las de algún Cuentacuentos más... Noches de insomnio, noches en las que la oscuridad y el silencio se vuelven más un enemigo a batir, que un aliado al que alabar...
 
    Deseo que tengáis todos sueños reparadores, y que al menos, para con vosotros Morpheo tenga unos planes mejores, que compartir la noche con esta loca insomne...
 
    ¡Que tengáis muy buena luna!
 
 
Dedicado para Beleita con mucho cariño. Que sabes que te kero mucho y no me cansaré de repetirtelo día sí y día también... Y que digas lo que digas y te pongas como te pongas, para mí tú siempre serás una "Princesa"...